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El Gobierno afronta sin apoyos la votación de la senda de déficit en el Congreso

El Ejecutivo de Pedro Sánchez se enfrenta este martes al primer examen de los Presupuestos Generales del Estado de 2027 sin tener asegurados los apoyos parlamentarios. La oposición y algunos socios dan por hecho que las cuentas serán una excusa para adelantar las elecciones generales al primer trimestre de 2027.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OU.

El Gobierno de Pedro Sánchez afronta este martes en el Congreso de los Diputados la votación de la senda de déficit y los objetivos de estabilidad presupuestaria, el primer paso para la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado de 2027. El Ejecutivo llega a esta cita sin tener atados los apoyos necesarios ni por la izquierda ni por la derecha, en un clima de máxima tensión política en el que la oposición y algunos de sus socios habituales interpretan la tramitación de las cuentas como una maniobra para justificar un adelanto electoral.

La votación de este martes definirá el techo de gasto, que el Gobierno ha fijado en 226.032 millones de euros, un 6,6% más que el aprobado para el ejercicio de 2025. En cuanto a la senda de déficit, el Ejecutivo propone un objetivo del 1,8% del PIB para 2027, del 1,6% para 2028 y del 1,5% para 2029. El déficit autorizado para las comunidades autónomas se sitúa en el 0,1%, lo que equivale a un margen fiscal de unos 5.849 millones de euros, una cifra que ya fue rechazada por las regiones gobernadas por el Partido Popular en el Consejo de Política Fiscal y Financiera de la semana pasada.

El principal escollo para el Gobierno es la falta de apoyos. El PP, Vox y Junts han anunciado su voto en contra de la senda de déficit. El portavoz nacional de Junts, Josep Rius, calificó de «frivolidad» que el Ejecutivo presente unos presupuestos sin tener garantizados los respaldos necesarios. Además, partidos como el PNV y Podemos tampoco han confirmado su apoyo. Podemos ha reiterado en varias ocasiones que no respaldará unas cuentas que incrementen el gasto en defensa, mientras que el PNV mantiene una posición de espera. De la actitud de estas dos formaciones dependerá que la derrota del Gobierno sea aún más simbólica.

Si la Cámara rechaza la senda de déficit, el Gobierno tiene previsto someterla a una segunda votación en un pleno extraordinario convocado para el 23 de julio. Si también fracasa, el escenario es incierto. Durante la etapa de María Jesús Montero al frente del Ministerio de Hacienda, el Ejecutivo encontró un resquicio en la Ley de Estabilidad Presupuestaria que le permitiría continuar adelante con las cuentas utilizando la senda de déficit derivada del compromiso adquirido con la Unión Europea. No obstante, este mecanismo nunca se ha activado porque el Gobierno ha desistido de seguir adelante con la tramitación presupuestaria en ocasiones anteriores.

La sombra de un adelanto electoral planea sobre todo el proceso. Desde que Pedro Sánchez no descartó convocar elecciones generales en el primer trimestre de 2027 si no lograba aprobar los presupuestos, la mayoría de los grupos parlamentarios dan por hecho que el PSOE utiliza la tramitación de las cuentas como una plataforma electoral. El secretario de Organización de Podemos, Pablo Fernández, afirmó que «Sánchez sabe que no se van a aprobar» y que la legislatura «está muerta». Esta percepción ha puesto en alerta a su socio de Gobierno, Sumar, cuyo coordinador federal, Antonio Maíllo, advirtió la semana pasada al PSOE de que «se equivocaría si hiciera un uso electoralista de los Presupuestos» y que sería «un fraude para la ciudadanía presentarlos a sabiendas de que no van a ser aprobados».

El PP también ha cargado contra la iniciativa del Gobierno. El portavoz popular, Borja Sémper, calificó la tramitación de «teatrillo» y «pantomima discursiva», y la definió como una «palanca electoral» que el Ejecutivo utilizará como precampaña de cara a los comicios. La realidad es que Sánchez se enfrenta a esta votación con sus socios habituales —PNV, Junts y Podemos— pidiéndole elecciones, apenas unas semanas después de que una mayoría del Congreso, formada por PP, Vox, UPN, Coalición Canaria y Junts, le instase formalmente a convocar comicios o a someterse a una cuestión de confianza.

Desde el Ministerio de Hacienda rechazan las acusaciones de uso electoralista de los presupuestos y aseguran que no perderán «nunca» la esperanza de sacarlos adelante. El objetivo es combatir la idea de que las cuentas nazcan como papel mojado o como un mero instrumento electoral, aunque dentro del propio Gobierno admiten la «dificultad» de sacar adelante tanto la senda de déficit como el proyecto presupuestario. Insisten en que existe un «interés» real en negociar con los grupos y que se va a intentar activamente sacar adelante ambas votaciones. No obstante, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, señaló la semana pasada que, aunque «a veces hablamos de instrumentos», son más importantes los «resultados».

El Gobierno también reprocha la «contradicción» de quienes criticaban que no presentasen los presupuestos y ahora cuestionan que vayan a hacerlo. Sin embargo, la falta de apoyos y la creciente presión política hacen que el futuro de la legislatura sea cada vez más incierto, con la mayoría de los actores políticos dando por hecho que las elecciones generales podrían adelantarse a la primavera de 2027.

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