La cantante Restinga y el compositor Yassir comparten raíces marroquíes y un lugar central en la música urbana que triunfa en España, pero sus trayectorias revelan las tensiones de crecer entre dos culturas. Ambos reivindican que la identidad no debe ser una elección forzada y denuncian el racismo que, aseguran, sigue atravesando la sociedad española.
Restinga, nacida en Tetuán como Herminia Loh Moreno, vivió en Marruecos hasta la adolescencia. Allí la llamaban «la cristiana», como se refiere a los europeos, pero al llegar a España tampoco sintió una acogida plena. «Lo que aprendes y lo que te hace ver la gente es que no perteneces a un lado u otro», recuerda. Hoy defiende que la cultura marroquí tenga espacio en la música que se escucha en el país y le gustaría que las canciones en árabe sonaran en la radio. Su historia refleja la de jóvenes con raíces marroquíes que moldean la cultura española y ya no quieren elegir entre dos identidades.
Yassir, por su parte, ha compuesto canciones para artistas como Quevedo, Lola Índigo o La Zowi. Pasó sus primeros años en Madrid, pero cuando empezó a tener uso de razón vivía en un pueblo de Valencia donde no había otras personas marroquíes. «Es donde sentí que me tenía que adaptar y dejar de lado mis raíces para sentirme acogido», afirma. Con el tiempo, su relación con sus orígenes ha cambiado y asegura que cada vez conecta más con ellos, sin renunciar a formar parte de la sociedad española.
Las experiencias de ambos muestran formas distintas de relacionarse con los orígenes. Restinga vivió en Marruecos hasta los 18 años y se mudó a Sevilla para estudiar, recuperando en su música elementos de la cultura popular marroquí. Yassir construyó aquí su identidad. Ambos coinciden en que las fronteras no deben decidir quién merece ser aceptado.
Restinga sostiene que el rechazo a las personas migrantes no se explica solo por costumbres, origen o religión, sino por desigualdades económicas. «No se trata de cosas culturales, sino de quién es pobre y quién no», señala, y añade que «lo que molesta es la pobreza». La artista también reconoce los privilegios que marcaron su historia: su madre es española y ella tenía pasaporte español, una ventaja que le permitió plantearse estudiar en Sevilla. «Sabía que podía irme de ahí», admite, aunque durante su adolescencia no era plenamente consciente de lo que significaba disponer de esa opción.
Yassir reclama más empatía en el debate migratorio. «Deberíamos entender más a las personas y saber que la situación de cada una es complicada», insiste, y considera que «hablar desde una posición más privilegiada te hace ver las cosas de distinta manera». Su compañera mantiene una mirada crítica sobre Marruecos y sobre quienes se ven obligados a abandonar el país. Viajó a Ceuta cuando empezó a ver en redes sociales vídeos de personas que cruzaban la frontera y de otras que morían en el intento. Impactada, se marchó con unas amigas y pasó allí cuatro días para echar una mano.
Restinga recuerda su estupor ante la escasez de ayuda institucional. «¿Qué pasa que no están aquí las organizaciones que tienen que estar? Y no me refiero a las no gubernamentales, sino al Gobierno», relata. Durante su estancia escuchó «comentarios inhumanos» y «muy heavys». «Puedo entender que abrume que de repente en tu ciudad hayan entrado muchas personas doblando la población, pero otra cosa son las barbaridades que escuchaba», detalla. La artista advierte de que «en España está entrando un fascismo que miedo me da» y afirma que «España es un país muy, muy racista». «La gente no se queja cuando vienen migrantes de España para arriba. Es puro racismo y xenofobia», concluye.