Una semana después del doblete sísmico de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió Venezuela el 24 de junio, la esperanza de encontrar supervivientes entre los escombros se desvanece, mientras la ayuda internacional continúa llegando al país. La cifra oficial de fallecidos asciende a 2.295 personas, entre ellas 26 españoles, y los heridos suman 11.267, según informó este miércoles el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Los servicios de emergencia y los voluntarios trabajan sin descanso, pero las posibilidades de rescatar a más personas con vida se reducen con cada hora que pasa.
El estado La Guaira, en el norte del país, es la zona más castigada por los terremotos y las 782 réplicas registradas desde la tragedia. De los 189 edificios que colapsaron en su totalidad, 158 se encontraban en esta región. La devastación se explica no solo por la magnitud de los sismos, ocurridos en rápida sucesión y a poca profundidad, sino también por la naturaleza del terreno. Las ciudades de esta área están construidas sobre abanicos aluviales formados por sedimentos que bajan de la montaña, lo que genera una inestabilidad geológica que agravó los efectos de los movimientos telúricos.
Ante la magnitud de la catástrofe y la falta de medios locales, 30 países han enviado equipos de rescate, maquinaria y 700.000 toneladas de ayuda humanitaria. Estados Unidos ha sido el país que más recursos ha destinado, con al menos seis aviones C-17, dos buques de guerra, helicópteros, tecnología satelital de la Fuerza Espacial y cientos de efectivos, entre ellos más de 300 rescatistas del Equipo de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR), 100 especialistas de la Fuerza Aérea, 130 Marines y personal civil. Además, ha destinado 300 millones de dólares a la ONU y a ONG que operan sobre el terreno, y ha levantado temporalmente algunas sanciones para facilitar la llegada de ayuda.
Desde España, el Ministerio de Defensa envió un primer avión con 59 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), 40 miembros del Equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid (Ericam) y ocho unidades caninas. Posteriormente, un avión de Iberia fletado por Repsol transportó a 63 efectivos y nueve perros de rescate de seis comunidades autónomas. Este miércoles despegó una aeronave con equipo médico de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), que instalará un hospital de campaña con capacidad para atender a 100 pacientes al día. Los 44 sanitarios, logistas y cocineros apoyarán la atención primaria de emergencia, la psicológica, procedimientos quirúrgicos y partos. La Aecid ya ha movilizado un millón de euros y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha anunciado otros 300.000 euros adicionales.
En La Guaira y Caracas, los rescatistas han llevado a cabo operaciones de alta complejidad para extraer a personas atrapadas entre los escombros. Algunos rescates han sido calificados como «milagrosos» por los ciudadanos, especialmente cuando las víctimas son bebés, niños o adultos que permanecieron varios días sepultados bajo toneladas de hormigón. Según las autoridades venezolanas, 6.461 personas han sido rescatadas por más de 4.000 brigadistas. Este miércoles, un grupo de 100 rescatistas seguía luchando para sacar a Hernán Gil del sótano de un edificio, una operación que ya lleva dos días y cuyo final se desconoce. En las tareas de búsqueda participan 148 perros entrenados, entre los que destaca Tsunami, un border collie que ha localizado al menos a 13 personas con vida.
La tragedia también ha movilizado a la sociedad civil venezolana, tanto dentro como fuera del país. Los ciudadanos que vivieron los terremotos se han organizado junto con las autoridades locales y los equipos internacionales para retirar escombros y atender a los afectados. Se han instalado centros de acopio para recolectar alimentos, agua, medicinas, artículos de primera necesidad, ropa, herramientas, equipos de protección y carpas. En el exterior, ciudades como Madrid han recogido más de siete toneladas de suministros solo durante los días 26 y 27 de junio.
Sin embargo, la respuesta oficial ha sido objeto de críticas. Familias denunciaron que horas después de la catástrofe aún no había llegado ninguna autoridad para ayudarles. Suplicaron el envío de máquinas pesadas, aunque varias no pudieron operar por falta de combustible, según constató la cadena CNN. Además, los rescatistas chilenos se quejaron de que las autoridades venezolanas les obligaron a presentar hasta en cinco ocasiones su documentación durante las labores de rescate, con el argumento de que podrían ser espías. Estas dificultades han retrasado las operaciones en un momento crítico, cuando cada minuto cuenta para salvar vidas.