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Antica Fratta y el futuro del vino: «Debemos diseñar los viñedos para el clima de 2050»

Andrea Assanelli, al frente de Antica Fratta, defiende que la nueva generación de bodegas debe anticipar los efectos del cambio climático en el viñedo y adaptar el método clásico a las condiciones que marcarán el futuro del vino.

La nueva generación de bodegas italianas afronta un reto que ya no es teórico: producir vino de calidad en un escenario climático distinto al que definió las denominaciones históricas. Andrea Assanelli, al frente de Antica Fratta, lo resume con una idea que ordena todo su proyecto: «Debemos diseñar los viñedos para el clima de 2050». La frase, que enmarca la conversación sobre el futuro del método clásico, sitúa la adaptación del viñedo como prioridad estratégica y no como una respuesta de emergencia.

Antica Fratta forma parte de ese grupo de productores que trabajan en un territorio pequeño pero de gran valor, donde la tradición del método clásico convive con la necesidad de innovar. Assanelli representa a una generación de emprendedores del vino que no se limita a custodiar la herencia recibida, sino que asume el papel de innovador audaz. Su planteamiento parte de una evidencia: las condiciones que hicieron posible el vino tal y como se conoce están cambiando, y la planificación del viñedo debe mirar décadas adelante.

El respaldo del Consorcio aparece como un factor clave en este proceso. La existencia de una institución que acompaña a los productores permite compartir conocimiento, coordinar esfuerzos y dar continuidad a proyectos que, por su horizonte temporal, superan la capacidad de una sola bodega. Esa combinación de iniciativa privada y apoyo colectivo define el modelo con el que esta nueva generación quiere afrontar los próximos años.

La conversación con estos jóvenes empresarios del vino —hombres y mujeres que han abierto las puertas de sus bodegas— revela algo más que una estrategia técnica. Detrás de cada decisión sobre el viñedo hay historias de vida, sueños y proyectos que explican por qué esta generación se siente responsable de un territorio que considera rico y valioso, aunque sea pequeño. La adaptación al clima no es solo una cuestión agronómica: implica repensar el vínculo entre la bodega, la tierra y quienes la trabajan.

El método clásico, base de los espumosos de esta zona, exige tiempos largos y una cadena de decisiones que comienza mucho antes de la vendimia. Por eso el mensaje de Assanelli tiene una dimensión práctica inmediata: si el clima de 2050 va a ser distinto, las decisiones sobre variedades, ubicación de parcelas y manejo del viñedo deben tomarse ahora. La anticipación se convierte así en la principal herramienta de quienes quieren mantener la calidad y la identidad del producto.

Esta mirada de futuro no niega la herencia recibida, sino que la proyecta. La nueva generación se presenta como guardiana atenta de un legado, pero también como responsable de actualizarlo. En un sector donde la tradición pesa, el equilibrio entre respeto y cambio define el perfil de las bodegas que quieren seguir siendo relevantes en las próximas décadas.

El testimonio de Antica Fratta se suma a una conversación más amplia sobre el futuro del vino y sobre cómo los territorios pequeños pueden responder a transformaciones globales. La idea de diseñar el viñedo pensando en el clima de 2050 condensa ese debate y lo traslada al terreno de las decisiones concretas: qué se planta, dónde y con qué criterios. Para Assanelli y su equipo, esa es la pregunta que definirá el método clásico del mañana.