Solo el 12% de las ciudades españolas cuenta con un tercio o más de su superficie cubierta por zonas verdes, según un estudio publicado en The Lancet Public Health en el que han participado casi 60 investigadores de una treintena de instituciones académicas europeas, entre ellas el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). El trabajo analiza 28 indicadores climáticos y de salud en más de 850 ciudades del continente y concluye que los riesgos derivados del cambio climático para la población urbana aumentan a un ritmo superior al de las medidas de adaptación implementadas.
El informe, que examina desde la mortalidad atribuible al calor hasta la propagación de enfermedades infecciosas como el dengue, pasando por las concentraciones de polen o el riesgo de incendios forestales, sitúa a las ciudades del sur de Europa —entre ellas las españolas— entre las más expuestas a estos peligros. Los datos muestran que el aumento del peligro de incendios forestales y de la mortalidad relacionada con el calor fue mayor en esta región, mientras que la idoneidad climática para el dengue creció sobre todo en Europa oriental. Las concentraciones de polen alergénico se duplicaron con creces en las ciudades del sur y del este del continente entre 1991-2000 y 2015-2024.
En el caso de España, el estudio destaca que las ciudades contaban en 2020 con una media del 13,2% de su territorio arbolado, muy lejos del 30% que recomienda la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa para favorecer el enfriamiento urbano, reducir la contaminación atmosférica y proteger la salud pública. Los investigadores señalan que Cuenca es la ciudad con mayor porcentaje de zonas verdes, con un 53% de su término municipal, mientras que Cádiz presenta la menor proporción, con «cero hectáreas». Torrejón de Ardoz (Madrid) registró el mayor incremento porcentual desde el año 2000, al pasar de 4,9 a 17,4 hectáreas, un 257% más.
Otro de los indicadores analizados es la mortalidad atribuible al calor. Según el informe, el promedio anual de muertes por esta causa en las ciudades españolas ha aumentado en casi 100 defunciones por millón de habitantes entre 2015 y 2024, lo que supone un incremento del 136%. Castellón de la Plana encabeza la lista tras pasar de una tasa de 25,7 a 168 fallecimientos por millón de habitantes en ese periodo. Los datos del sistema de monitorización de la mortalidad diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III cifran en 5.433 los fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas en España desde el pasado 15 de mayo, la cifra más alta para un periodo estival desde que hay registros, en 2015.
El estudio también evalúa la facilidad para la movilidad sostenible, como caminar, ir en bicicleta o usar el transporte público. En 2022, las ciudades españolas obtuvieron una puntuación media de 5,3 sobre 10, cuando los autores consideran aceptable una nota de siete o superior. Pamplona se situó a la cabeza con un 6,8. De media, las urbes españolas contaban con una parada o estación de transporte público a unos 250 metros en un tercio de su superficie, el 41% de sus calles favorecían el paseo y solo el 11% de las vías disponían de infraestructura ciclista. Salamanca es la ciudad más amable para caminar, con el 68% de sus calles peatonales, mientras que Lorca (Murcia) es la que menos invita a hacerlo, con un 20%. Cádiz aparece como la más ciclable, con el 19% de sus calles con carril bici, y Alcalá de Guadaíra (Sevilla) como la menos favorable para moverse pedaleando. Menos del 10% de las vías ciclistas españolas cuentan con sombra o árboles.
Los investigadores advierten de que, aunque las medidas de adaptación «se están ampliando», lo hacen a un ritmo más lento que los «crecientes riesgos para la salud», como las olas de calor, las enfermedades infecciosas o la exposición al polen. El trabajo subraya la necesidad de integrar los sistemas de alerta temprana de calor y salud en los planes de adaptación para proteger eficazmente a la población. Entre las recomendaciones figura sustituir superficies asfaltadas por terrenos con vegetación, una medida que contribuiría a reducir las temperaturas urbanas y a mejorar la calidad del aire.