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Casavieja lleva una semana sin agua potable por el arrastre de cenizas del incendio de Burgohondo

Los vecinos de Casavieja, en el sur de Ávila, afrontan su séptimo día sin agua potable después de que las lluvias arrastraran cenizas y lodo del incendio de Burgohondo a las captaciones. Bares, panaderías y casas rurales se reorganizan con depósitos y garrafas mientras el Ayuntamiento exige celeridad a las administraciones.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Los vecinos de Casavieja, en el sur de la provincia de Ávila, cumplen una semana sin agua potable. Las intensas lluvias de los últimos días han arrastrado cenizas, barro, piedras y restos vegetales desde las zonas afectadas por el incendio forestal de Burgohondo, registrado durante el verano, hasta los cauces y las captaciones que abastecen al municipio. La pérdida de vegetación tras el fuego ha dejado el terreno más expuesto a la erosión y ha favorecido que las precipitaciones arrastren estos materiales, comprometiendo el suministro en Casavieja y otras localidades del sur de Ávila.

La situación obliga a reorganizar la vida diaria y dificulta tareas esenciales como cocinar, asearse o lavar la ropa. Para el consumo, se distribuye agua embotellada; para el resto de usos, los vecinos rellenan garrafas en los depósitos municipales y recurren a los puntos de suministro habilitados por el Ayuntamiento. Mari, una residente, explica que usa el agua de la piscina para el inodoro, lava la ropa a mano y se ducha con barreños que calienta previamente. «Así me lavo, como los gatos», afirma entre risas, antes de lamentar que lo peor es la lavadora. Ya en su casa, al abrir el grifo de la cocina, el agua sale negra.

Los negocios locales son los que más están notando el impacto. Eduard, propietario de un bar, se ha gastado 3.000 euros en una solución provisional: un depósito de agua junto a la puerta y una bomba que garantizan que los baños puedan usarse. «Me hago cinco o seis viajes todos los días a una fuente pública para rellenarlo, pero es que cerrados no podemos estar sin trabajar», explica. «Somos seis personas contratadas cobrando un sueldo. Si no trabajamos me veo obligado a cerrar definitivamente». Tras la barra, Samuel muestra el cubo que hace las veces de lavavajillas y la garrafa conectada a la cafetera para seguir sirviendo café. «Esta es la jugada», asegura mientras sirve un quinto a un cliente.

En la panadería de Cristina usan agua embotellada para elaborar el pan y el resto de productos. «Todo lo hacemos nosotros y todo necesita agua, así que usamos las garrafas de agua mineral que vendemos para echarlas en la amasadora», dice resignada. La falta de suministro también repercute en los costes de producción: «Esto nos encarece el producto, claro, y suma la gasolina que gastamos en subir a los depósitos para cargar la que necesitamos para limpiar».

El turismo rural también se resiente. Las puertas de la casa rural de Alicia están cerradas este fin de semana porque la familia que tenía reservada ha cancelado su estancia. El suyo es uno de los 18 alojamientos rurales de Casavieja. Con todo reservado hasta final de año, busca la forma de mantener a flote su negocio. «No nos lo podíamos imaginar, pero el post incendio está siendo peor que el incendio, incluso», clama.

La recuperación del suministro depende de reparar las infraestructuras afectadas y de restablecer unas condiciones que permitan garantizar la calidad del agua. Los técnicos de la Junta de Castilla y León ya han estado en la zona para analizar la situación y acometer las reparaciones necesarias. El Ayuntamiento ha pedido, tanto a la administración autonómica como a la estatal, celeridad para recuperar el abastecimiento. Porque el incendio no termina cuando se apagan las llamas. En Casavieja, sus efectos siguen presentes meses después, y ahora a través del agua que antes contribuyó a su extinción.

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