El partido de extrema izquierda Die Linke ganó el domingo las elecciones municipales en Berlín, un resultado que contrasta con el avance federal de la ultraderecha en Alemania y que sitúa a la capital alemana en la órbita progresista que domina la mayoría de las grandes ciudades europeas. Si fructifican sus negociaciones con socialdemócratas y verdes, la jurista de origen turco Elif Eralp se convertirá en la nueva alcaldesa de Berlín.
Con este resultado, Berlín se une a una corriente que ya navegan desde hace años capitales como Londres, París, Roma, Ámsterdam, Varsovia, Viena y Bruselas. En Londres, el laborista Sadiq Khan encadena mandatos desde 2016. En París, los vecinos reeligieron en marzo al socialista Emmanuel Grégoire, revalidando un feudo progresista de 25 años. En Roma gobierna el progresista Roberto Gualtieri desde 2021, cuando los romanos descartaron el viraje nacional de Giorgia Meloni. También son de izquierdas los alcaldes de Viena (Michael Ludwig) y Bruselas (Philippe Close), mientras que en Varsovia ganó Rafal Trzaskowski con una plataforma cívica y Ámsterdam estrenó en 2018 a su primera alcaldesa, la ecologista Femke Halsema.
La profesora de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid Ruth Ferrero explica que el voto progresista de las capitales occidentales se ha vinculado en las investigaciones a la concentración de población joven en busca de oportunidades, con un nivel de estudios superior, más población de origen inmigrante y hogares menos tradicionales. Son votantes «que quieren encontrar otro tipo de respuestas a la organización de la estructura social», describe. En relación con lo ocurrido en Berlín, y antes en Nueva York, a Ferrero le resulta sorprendente que, en épocas de mayor apoyo electoral a una derecha radical a nivel nacional, las ciudades capitalinas consigan movilizar el voto de la izquierda. En su opinión, esto ocurre cuando los problemas estructurales urbanos se convierten en conflictos políticos, como la vivienda inaccesible, la gentrificación de los barrios o la turistificación. «No necesariamente tienes que ser más progresista, pero sí ser capaz de identificar qué es lo que está pasando en tu barrio para votar una acción política que dé respuesta a esa cuestión», añade.
Los analistas atribuyen la victoria de Die Linke en Berlín a que el partido ha colocado en el centro del debate político la socialización de 200.000 viviendas mediante su expropiación. «Veremos si consigue implementarlo, que no viene de la nada y ya los berlineses apoyaron la medida en un referéndum en 2021, pero el hecho cierto es que ha conseguido colocar en el centro de la agenda política un problema estructural y transformarlo en un conflicto político», defiende Ferrero. La experta concluye que en las capitales «no necesariamente votan a la izquierda porque sean más de izquierdas ideológicamente, sino porque aparecen contradicciones de índole material dentro de las estructuras urbanas».
Frente a este patrón, las capitales de la Península Ibérica constituyen una excepción. Tanto Lisboa como Madrid están gobernadas por la derecha, y en el caso madrileño desde hace décadas. En Portugal ha habido alternancia reciente de centroderecha y centroizquierda, pero el caso de Madrid es único y «excepcional», reconocen los expertos, ya que encadena ocho gobiernos del Partido Popular en la capital desde 1991, solo con el paréntesis de Manuela Carmena (Ahora Madrid) entre 2015 y 2019, en plena efervescencia del movimiento indignado surgido del 15-M.
El politólogo portugués Jorge Fernandes, investigador en el CSIC, vincula el voto menos progresista en Lisboa «al cambio social fundamental que está experimentando la ciudad». Lisboa es una capital relativamente pequeña, con medio millón de habitantes, pero su tejido social está cambiando. «La crisis de vivienda es más grave incluso que en Madrid y los que viven en Lisboa son ahora mucho más ricos y tienden a votar más a la derecha», resume. Además, augura que el nuevo vecino lisboeta puede perpetuar este giro político, vista la incapacidad de la izquierda de diseñar campañas eficaces. Sobre Madrid, los politólogos consultados coinciden en que es la singularidad máxima en Europa: sus tres millones de vecinos han elegido en los últimos 35 años casi de manera consecutiva a alcaldes del Partido Popular.