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Darius, estudiante de 15 años de Pinto, representará a España en la final internacional de las Olimpiadas de Tecnología con un videojuego contra el acoso escolar

Darius Atanasiu, un joven madrileño de 15 años, ha ganado la fase nacional de las Olimpiadas Internacionales de la Tecnología con «Máscara», un videojuego que aborda el acoso escolar. En septiembre competirá en la final internacional junto a otros tres estudiantes españoles.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Darius Atanasiu, un estudiante madrileño de 15 años, representará a España en la final internacional de las Olimpiadas Internacionales de la Tecnología tras proclamarse uno de los ganadores de la fase nacional con «Máscara», un videojuego que aborda el acoso escolar. El adolescente, que reside en la localidad de Pinto y acaba de comenzar cuarto de la ESO en el IES Vicente Aleixandre, competirá los días 22 y 23 de septiembre en formato virtual junto a otros tres jóvenes procedentes de Barcelona, Cádiz y Salamanca.

El certamen, organizado por la fundación NTT DATA, ha contado este año con la participación de más de 5.000 jóvenes de nueve países de Europa y Latinoamérica. El proyecto de Darius ha conquistado al jurado por su enfoque social: «La idea era que las personas, a pesar de sus defectos, ayudaran al protagonista, por lo que quise centrarlo en el acoso escolar, un tema al que en muchas situaciones no se le presta la atención que se debe», explica el joven. El videojuego, cuyo lema es «No te calles, actúa», plantea al jugador diversas situaciones en las que compañeros de clase sufren acoso y el protagonista decide intervenir para ayudarlos.

A lo largo de la partida, los personajes que atraviesan dificultades terminan aportando sus propias habilidades al protagonista, y el jugador se enfrenta a retos y minijuegos que abordan valores como la empatía, la inclusión, el trabajo en equipo y la igualdad de oportunidades. La historia incluye además un giro significativo: al final se descubre que el acosador también tiene sus propios problemas y todos lo ayudan a resolverlos. «No hay que callarse ante una situación de acoso, tienes que hablar, acudir a los seres queridos para poner fin a la situación y conseguir solucionarla», subraya Darius.

El joven defiende que un videojuego puede concienciar más a los estudiantes que una conferencia en un colegio: «El formato es más casual, el público está más receptivo que a lo mejor en una charla que puede llegar a resultar aburrida». Su interés por la programación comenzó a los 11 años, aunque desde los siete ya le llamaba la atención la tecnología. Es completamente autodidacta y, además de programar con código, se interesa por la inteligencia artificial. Aunque le gustaría ser ingeniero aeronáutico, asegura que no quiere centrarse en una sola cosa sino aprender distintas habilidades y ámbitos.

Para presentarse a la fase nacional, Darius tuvo que compaginar su rutina académica con la realización de diez módulos obligatorios hasta desarrollar su proyecto final. Ha invertido unas 15 horas solo en diseñar el videojuego y, de cara a la final internacional, sigue introduciendo mejoras: «Estoy añadiendo animaciones y cambiando ciertos dibujos porque cuando lo creé tenía un tiempo muy reducido, así que prioricé la estructura del juego y no tanto el diseño gráfico». Reconoce que recibió la noticia de su clasificación con «mucha alegría e ilusión», ya que es la tercera vez que participa en estas olimpiadas y en años anteriores, por diversos motivos, nunca llegó a presentar el proyecto final. También ha participado en el concurso de matemáticas que organiza la Universidad Complutense de Madrid.

El apoyo familiar ha sido clave en su trayectoria. Su madre, Mihaela, graduada en periodismo, relata que siempre ha tratado de llevarlo a talleres de lectura y museos: «En mi país natal, Rumanía, me enseñaron una cultura del esfuerzo y la disciplina que es la que intento transmitirle a mi hijo». Aunque respetan su ritmo, no quieren presionarlo. Darius añade que para la generación de su madre «era una humillación sacar notas de aprobado justillo», mientras que ahora «tengo compañeros que si en vez de suspender cuatro suspenden una son aplaudidos». El joven también pone de manifiesto que desde los centros públicos no se potencia tanto esta clase de actividades como en los privados.