La UEFA y sus 55 federaciones nacionales han alcanzado un acuerdo histórico para boicotear las competiciones organizadas por la FIFA, en un movimiento que supone una escalada sin precedentes en el conflicto que enfrenta al fútbol europeo con el organismo mundial. La decisión, tomada durante una reunión extraordinaria celebrada esta semana, responde al creciente malestar por las políticas del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y en particular por el polémico nuevo formato de la Copa del Mundo, que ha sido fragmentado y cuenta con el respaldo del expresidente estadounidense Donald Trump.
Según fuentes cercanas a las negociaciones, el boicot afectará a todos los torneos organizados por la FIFA, incluidos los próximos Mundiales de selecciones y clubes, así como a competiciones de base y juveniles. «Hay una oposición creciente contra la FIFA», señalaron desde la UEFA, cuyo presidente, Aleksander Ceferin, ha mantenido un pulso abierto con Infantino desde hace meses. La medida busca presionar a la FIFA para que revise su modelo de gobernanza y la distribución de los ingresos, que las federaciones europeas consideran desigual y opaco.
El enfrentamiento entre Ceferin e Infantino ha ido en aumento en los últimos años. Infantino, que aspira a la reelección al frente de la FIFA, ha sido criticado por priorizar acuerdos comerciales y políticos que benefician a determinados miembros del consejo directivo. «Infantino basa su reelección en enriquecer a los miembros de la FIFA», denunció una fuente europea. Por su parte, Ceferin ha logrado el respaldo unánime de las federaciones del continente, que ven en el boicot una herramienta para defender la autonomía del fútbol europeo y la integridad de las competiciones.
El conflicto se ha agravado con la decisión de la FIFA de fragmentar el Mundial de 2030 en varios países y de involucrar a figuras políticas como Trump, que ha apoyado públicamente la candidatura conjunta de Estados Unidos, México y Canadá para 2026 y que también ha mostrado interés en el torneo de 2030. La UEFA considera que esta fragmentación desvirtúa la esencia del torneo y favorece intereses ajenos al deporte. «Un Mundial troceado con la asistencia de Trump no es el Mundial que necesitamos», afirmó un portavoz de la UEFA.
El boicot europeo podría tener consecuencias devastadoras para la FIFA, que depende en gran medida de los ingresos generados por las selecciones europeas y los clubes más poderosos del continente. Si las federaciones de la UEFA se niegan a participar en los Mundiales, la credibilidad y el valor comercial de estos torneos se verían seriamente comprometidos. Además, el conflicto abre la puerta a la creación de competiciones alternativas lideradas por la UEFA, como una posible Liga de Naciones ampliada o un torneo mundial paralelo.
De momento, la FIFA no ha emitido una respuesta oficial, aunque fuentes internas señalan que Infantino está dispuesto a dialogar para evitar una ruptura total. Sin embargo, la posición de la UEFA es firme: no habrá marcha atrás hasta que la FIFA acepte reformas profundas en su estructura y en la organización de los torneos. La reunión del próximo Congreso de la UEFA, prevista para septiembre, será clave para concretar los términos del boicot y evaluar los siguientes pasos.
El enfrentamiento entre los dos organismos que rigen el fútbol mundial no solo afecta a las competiciones, sino que pone en cuestión el futuro del propio deporte. Mientras los aficionados observan con preocupación, los dirigentes europeos se muestran decididos a defender sus intereses y los de sus federaciones, incluso si ello implica un cisma histórico. La pelota está ahora en el tejado de la FIFA.