El matemático británico Marcus du Sautoy considera un error que el sistema educativo se base en la transmisión de datos en lugar de enseñar a aprender. En una entrevista realizada tras su participación en el festival Passion for Knowledge, organizado por el DIPC en San Sebastián, el responsable de divulgación científica de la Universidad de Oxford defendió la necesidad de cambios profundos en la forma de enseñar.
Du Sautoy sostiene que las matemáticas se enseñan con frecuencia como si se aprendiera a tocar un instrumento musical limitándose a practicar escalas y arpegios. Según explica, esos ejercicios son una parte importante del aprendizaje, pero no reflejan lo que realmente es la disciplina. En su opinión, el plan de estudios no muestra las grandes historias de las matemáticas, que son las que pueden inspirar a los alumnos.
Para el divulgador, la clave está en que los estudiantes aprendan a adaptarse. Vivimos, afirma, una revolución de cambio rápido, y los conocimientos concretos van a quedar obsoletos con frecuencia. Por eso considera que uno de los errores del sistema educativo es transmitir datos en lugar de enseñar cómo aprender, una habilidad que, a su juicio, debe fomentarse con más fuerza.
Du Sautoy recuerda que descubrió su interés por las matemáticas de forma tardía. No se le daba bien la tabla de multiplicar y su punto de inflexión llegó hacia los 12 o 13 años, cuando su profesor le recomendó libros que narraban la historia de la disciplina. Entre ellos citó Apología de un matemático, que presenta al matemático más como un pintor o un poeta que como un científico, y que le hizo ver las matemáticas como un lugar donde se pueden contar historias e inventar geometrías que no existen en la naturaleza.
Sobre la inteligencia artificial, el divulgador se muestra optimista, aunque reconoce temores. La compara con el telescopio de Galileo o con el microscopio, herramientas que permitieron ver lo que antes era imposible observar. Según su visión, la IA puede revelar patrones en el mundo digital y de los datos que no podrían captarse sin ella, lo que en su opinión abre un periodo emocionante pero también disruptivo y desestabilizador.
Matizó, no obstante, que el riesgo está en la forma de formular las peticiones. Compara la IA con el genio de la lámpara de Aladino: una herramienta potente ante la que hay que elegir muy bien las palabras, porque pedir deseos resulta peligroso si no se hace con cuidado.