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Los comercios de Sol pierden hasta el 98% de facturación por la acampada

Los negocios del entorno de la Puerta del Sol denuncian caídas de facturación de hasta el 98% por la acampada por la vivienda, que ya suma unas 1.200 tiendas de campaña. Los comerciantes se debaten entre apoyar la protesta y exigir soluciones ante los problemas de higiene y seguridad.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

La acampada por la vivienda que ocupa la Puerta del Sol de Madrid desde el pasado 26 de septiembre está dejando una factura cada vez más visible entre los comercios del entorno. Beatriz, empleada de una tienda de souvenirs en el centro de la plaza, resume la situación con crudeza: un día normal su establecimiento factura unos 3.000 euros, pero el miércoles cerró la caja con solo 12 euros. «Hemos perdido el 97 o 98% de la facturación», asegura.

El negocio en el que trabaja está rodeado de tiendas de campaña. Los manifestantes plantaron las primeras tras una marcha para exigir medidas contra la crisis de la vivienda y ya suman aproximadamente 1.200, según el Sindicato de Inquilinas. La organización ha pedido a los grupos parlamentarios que aprueben los dos reales decretos que se votan hoy, aunque rechaza su partición y reclama un texto único, el llamado «decreto Maricarmen». Mientras, la Comunidad de Madrid ha dado un ultimátum a la Delegación del Gobierno para que desmantele el campamento.

La acampada, por su parte, ha endurecido su discurso. Está impulsando la creación de «comités de barrio» para proclamar una huelga general por la vivienda y quiere mantener el campamento como punto de encuentro incluso cuando se levanten las tiendas. «Los reales decretos son insuficientes. No vamos a dejar que nos desmovilicen, vamos a organizar la huelga general», afirman en un comunicado. Ayer convocaron las primeras asambleas territoriales en cinco zonas de la plaza, aunque no estuvieron secundadas por la unanimidad de los acampados.

Entre medias están quienes trabajan en la plaza y sus calles, que no se sienten parte de ninguno de los bandos. «Los apoyo, tienen derecho a manifestarse, pero están condicionándonos mucho», matiza Beatriz. Junto a su local, Lihua trabaja en otro puesto de souvenirs, también rodeado de tiendas. Para acceder hay que atravesar un camino entre carteles con buitres dibujados a mano y bolsas de basura amontonadas. Cuenta que nadie pasa por ahí: «¿Cómo van a hacerlo? Si el pasillo da miedo». El negocio, dice, está «muy flojo», y su jefe paga «mucho» por estar ahí.

En la farmacia Cea, en Preciados 14, Enrique Algarra, de 57 años, también nota menos gente. Los turistas, cree, se desaniman de pasar por la zona, y los acampados no compran porque tienen sus propios botiquines. A él le preocupa sobre todo la limpieza. «Cuando abro por la mañana, me encuentro orines y excrementos», cuenta. Trabaja allí desde 2019 y asegura que nunca había tenido que echar agua con lejía a diario: «Es muy desagradable».

No todos ven el mismo problema. Eduardo, gerente de la tienda de moda urbana Newcop, en la calle de Tetuán, paralela a la Puerta del Sol, nota menos turistas en la calle, pero dice que en su tienda entra incluso más gente porque «se mueven más por las calles de alrededor». Sobre el olor es tajante: «Es todo el año. Al menos esta calle no la limpian. No es solo por lo que está pasando ahora». Lleva trabajando allí desde 2022 y asegura que la situación es la misma. Eso sí, de la acampada opina que está «a tope con esta gente». En la perfumería Júlia, al final de la calle del Carmen, prefieren no hacer declaraciones, aunque confirman que han notado menos afluencia de compradores.

Los hoteleros, que por ahora todavía no han notado cancelaciones o descenso de reservas, son más duros. Santiago Bello, director general del Hotel Moderno, en la calle Arenal, a un paso de la plaza, y vicepresidente de la patronal hotelera madrileña (AEHM), es quien habla con más contundencia. «Más allá de las razones que tenga cada uno para manifestarse, están anteponiendo sus motivos y afectando al resto de personas que efectuamos cualquier tipo de actividad en los alrededores, y en Madrid en general», dice. «Afecta al imaginario, a la higiene, a la seguridad, a la economía… Es un prisma con muchísimas caras que se están viendo perjudicadas», explica.

Para él, la protesta ha cambiado de naturaleza. «Los primeros días aún, pero ahora está completamente desproporcionado. Ya no es una acampada, es un asentamiento. Es indefinido, por lo que ya no tiene ese componente temporal. La Puerta del Sol está tomada». Y lo traslada al turismo: «La gente que quiera viajar va a hacerlo, pero acabará no viniendo a Madrid. A los turistas que llegan, en un primer momento les hace gracia, sacan el móvil y tiran un par de fotos, pero luego ya no. El olor y la sensación que hay, se imponen. Es un desastre». Sobre la higiene, afirma que «ha empeorado significativamente el olor de esta zona». Por la noche no hay locales abiertos, y quien tenga que hacer necesidades lo «hará donde pueda».