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Madres y padres sienten que no llegan ni en casa ni en el trabajo

Una periodista madre de dos hijos y la directora de The Parenthood, Georgie Dent, coinciden en que las dificultades para conciliar tienen causas estructurales y no individuales, y reclaman políticas públicas y un reparto real de los cuidados.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Cada vez más madres y padres describen la misma sensación: que no llegan ni a sus hijos ni a sus empleos. La crianza, defienden varias voces del debate, no es un fracaso personal, sino el resultado de un modelo laboral y social que sigue funcionando con roles tradicionales que apenas han cambiado.

La australiana Georgie Dent, directora de The Parenthood, se ha vuelto viral con un discurso sobre la crianza en el que reclama políticas públicas que mejoren la vida de las familias. Su argumento central es que las presiones que sufren los padres no derivan de una falta de esfuerzo individual, sino de estructuras que no se han adaptado a la realidad de los hogares actuales.

En España, los datos de la Encuesta de Población Activa de 2025 reflejan esa desigualdad. El 82,1% de los hombres que cuidan no ha modificado su situación laboral, frente al 67,9% de las mujeres. La diferencia se hace más visible al mirar las decisiones concretas: el 8,3% de las mujeres ha reducido su jornada para cuidar, frente al 0,8% de los hombres. Y de las 54.639 excedencias por cuidado familiar registradas en 2025, el 83,1% fueron solicitadas por mujeres.

El marco legal existe, pero su uso no es igual para todos. En España, los permisos de nacimiento y cuidado alcanzan las diecinueve semanas por progenitor. Aun así, la carga de los cuidados sigue recayendo mayoritariamente sobre ellas, lo que tiene consecuencias en salarios, carreras profesionales y tiempo de descanso.

La experiencia personal de la periodista que firma el texto ilustra ese desajuste. Madre de dos hijos y separada, trabaja desde casa y no cuenta con familia extensa cercana que le eche una mano. En 2017 puso en marcha la revista cultural MaMagazine porque, según explica, faltaban relatos reconocibles sobre la maternidad. En 2021, tras la pandemia y la muerte de su madre, se hizo autónoma.

Para estar más presente con sus hijos, la autora ha optado en varias ocasiones por empleos peor pagados. Ese cambio tuvo un coste: sufrió ansiedad, tomó medicación y acudió a Urgencias por la presión laboral. Tras una excedencia, relata que en la industria musical le negaron la reincorporación por ser madre, un episodio que resume la penalización que muchas mujeres encuentran al volver al trabajo.

Un estudio australiano citado en el debate cuantifica el problema: las familias con hijos en primaria sufren 814 horas anuales de desajuste entre el horario escolar y el laboral. Es un tiempo que, en la mayoría de los casos, acaba absorbido por las madres.

De ahí surge la discusión sobre la corresponsabilidad. Las voces que la impulsan sostienen que no basta con pedir a los hombres que cuiden más, sino que también deben asumir las renuncias profesionales que implica. Mientras los permisos, los horarios y las expectativas laborales sigan pensados para un modelo de hogar que ya no existe, advierten, la sensación de no llegar a nada seguirá extendiéndose entre madres y padres.