La acampada de la Puerta del Sol de Madrid ha experimentado un cambio significativo en su composición y liderazgo en los últimos días. La Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), rama madrileña del Movimiento Socialista, ha incrementado su presencia hasta convertirse en el grupo más visible del asentamiento, desplazando al Sindicato de Inquilinas, promotor original de la protesta, a un segundo plano al menos en términos de imagen pública.
La CJS comparte corriente con Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), organización que se dio a conocer en el País Vasco a principios de 2019 y que ha protagonizado acciones como el boicot a La Vuelta y agresiones a aficionados de la selección española durante la final del Mundial en Bilbao. En Madrid, su actividad se ha centrado en la acampada de Sol, donde ha ido ganando terreno desde el fin de semana.
El sábado por la noche, un grupo de decenas de personas vestidas de forma idéntica, con cascos, mascarillas y gafas para protegerse del gas lacrimógeno, se abrió paso entre los manifestantes de Sol y corrió hacia la Gran Vía al grito de «¡A Montera!». La acción, que no llegó a enfrentarse con ultras de extrema derecha, respondía a la presencia de Núcleo Nacional, organización capitaneada por Isabel Peralta que pretende desmantelar la acampada. La Policía Nacional frenó la marcha con una carga breve.
Desde la tarde del sábado, los acampados formados en bloque negro mantenían vigilados todos los accesos a la plaza. Parte de esa organización corresponde a la CJS, que ha establecido controles de acceso, turnos de vigilancia y un perímetro sin huecos. Además, han lanzado consignas para evitar que la prensa fotografíe o grabe el interior del asentamiento. Algunos integrantes portaban las banderas características de la CJS, que durante la semana pasada ondearon sobre el Oso y el Madroño antes de que fuera vallado.
El color de la plaza ha cambiado en esta dirección. Al principio dominaba el naranja de las camisetas del Sindicato de Inquilinas. A medida que la CJS ha ganado presencia, ese tono se ha ido oscureciendo hasta dominar un intenso escarlata. El Sindicato, que sigue en la plaza, rechaza haber abandonado la acampada. «Nosotras no hemos abandonado la acampada, seguimos yendo a las asambleas y participando, aunque estamos volcadas en la preparación de la huelga general», indican fuentes de la organización, que recuerdan que en la plaza «hay muchos colectivos».
Lo que se aprecia desde fuera es un reparto de papeles. En sus redes sociales, el Sindicato pone el foco en sus nodos territoriales, animando a la militancia por zonas para «resolver problemas relacionados con la vivienda». La CJS, en cambio, se ha volcado por completo en el asentamiento del kilómetro 0, subiendo vídeos a sus plataformas con un tono, música y épica belicista. «Es pura poesía», dice al respecto una simpatizante.
El grupo de campistas que todavía pasa las noches en Sol es heterogéneo, pero desde el fin de semana han notado un incremento de la presencia de la CJS. Algunos, los más moderados, sienten cierto temor por la presencia de grupos ultra. De apariencia, comienza a haber más personas con la cara tapada o de estética punk. «Da un poco de miedo porque, como no los puedes identificar, en un primer momento no sabes si son de extrema derecha», explica otra chica acampada.
También hay caras que estuvieron presentes en el desahucio de Maricarmen. Alexander, de 22 años, que pasó la noche previa al lanzamiento del 23 de septiembre en la calle Sáinz de Baranda y salió cojeando tras un empujón policial, encabezaba la madrugada del sábado la marcha por Preciados con un micrófono en la mano, animando a los presentes con consignas. Aun así, la acampada se mueve en base a lo que se decide en las asambleas, no es cosa de una única organización que rija el movimiento. Además, la huelga es el punto en el que coinciden la mayoría de organizaciones.
El viernes, una portavoz de la CJS, rodeada de micrófonos, llamaba a la huelga y a seguir luchando «por el socialismo». Mientras tanto, se sucedían informaciones contradictorias en las que se anunciaba que el asentamiento se levantaría ese sábado. No era verdad, y el Sindicato corrió a desmentir los titulares de diversos medios. El día citado, por la noche, seguían allí, con los accesos cubiertos y con la estructura más fuerte que nunca.
La pluralidad es también la tesis que defienden desde la propia CJS. Mario Aguiriano, filósofo y politólogo vinculado a la organización, respondió en X a quienes hablaban de una cooptación de la acampada: «Hay gente muy confundida. CJS no debería 'cooptar' ninguna acampada. La acampada es lo que es y está sirviendo para extender un mensaje en favor de la lucha y los derechos de la clase trabajadora. CJS hará lo que pueda».