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Kore-eda Hirokazu no filma nunca a niños llorando

El director japonés Kore-eda Hirokazu explica que ha decidido no mostrar nunca en pantalla a un niño llorando, y cuenta qué aprendió de Ken Loach y Hou Hsiao-hsien.

El director japonés Kore-eda Hirokazu, cuyas películas son conocidas por las interpretaciones naturales de sus jóvenes actores, asegura que hay algo que ha decidido no poner nunca en pantalla: a un niño llorando. «No es que no pueda, o que sea difícil. Simplemente no lo filmo», afirmó el cineasta durante un encuentro de tipo «In Conversation» en el que repasó su manera de trabajar con menores.

La declaración llama la atención porque el cine de Kore-eda se ha construido precisamente sobre la cercanía con la infancia. Sus historias, centradas en familias, vínculos y pequeñas rutinas cotidianas, han dado lugar a algunas de las interpretaciones infantiles más celebradas del cine contemporáneo. Su rechazo a filmar el llanto infantil no es, por tanto, una cuestión de falta de sensibilidad hacia los niños, sino una elección de método y de ética de rodaje.

Durante la conversación, el director también habló de las lecciones que recibió de otros dos maestros del cine: el británico Ken Loach y el taiwanés Hou Hsiao-hsien. De ambos ha destacado una forma de mirar a los personajes y de respetar el tiempo y el espacio de quienes actúan frente a la cámara, una actitud que se refleja en su propio trabajo con los actores más jóvenes.

El testimonio de Kore-eda se suma a un debate más amplio en la industria audiovisual sobre cómo proteger el bienestar de los menores en el set. Las preguntas sobre qué escenas pueden rodarse con niños, cómo generar emociones sin someterlos a situaciones dolorosas y qué límites deben establecer los realizadores son cada vez más frecuentes entre cineastas, productoras y festivales.

Para el público, la postura del director ayuda a entender la delicadeza que caracteriza a sus películas, en las que la emoción suele surgir de gestos contenidos y silencios más que de grandes escenas de llanto. Su decisión, que él presenta como una práctica personal y no como una norma para otros, muestra cómo las elecciones de rodaje pueden convertirse en parte esencial de la identidad de un autor.