Uno de cada cinco deportistas de élite experimenta problemas de salud mental a lo largo de su trayectoria profesional, según las conclusiones de las jornadas «Salud Mental y Gestión Integral del Deportista», organizadas por el Real Club de Golf La Herrería en colaboración con la Fundación Blanca, en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid. El encuentro, que reunió a deportistas, profesionales sanitarios y representantes institucionales, puso de manifiesto la necesidad urgente de reforzar las estructuras de atención psicológica en el ámbito deportivo, donde la presión del alto rendimiento genera un desgaste emocional equiparable al de las lesiones físicas, pero con un abordaje mucho menos visible y estigmatizado.
La vicerrectora de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria de la Universidad Complutense, Isabel García Fernández, subrayó durante la apertura que el deporte ha adquirido un papel estratégico en la universidad, especialmente desde la pandemia de la COVID-19. «El deporte no es solo una actividad complementaria, sino una necesidad dentro del proceso educativo, ya que contribuye a la formación integral y al bienestar físico y mental de las personas», señaló. La jornada contó con los testimonios de deportistas de élite como Almudena Cid, Fernando Romay, Raúl González, Tania Lamarca Celada, Julio García Mera, Beatriz Pérez y Carmen Alonso, quienes compartieron sus experiencias sobre la presión invisible que acompaña a la competición de alto nivel.
Diversos estudios citados durante el curso indican que los deportistas profesionales pueden enfrentarse a hasta 640 factores de estrés a lo largo de su carrera. Entre ellos se encuentran las exigencias competitivas, las relaciones con entrenadores, las expectativas externas, la incertidumbre profesional y las lesiones. La acumulación de estas circunstancias puede generar un importante desgaste emocional y aumentar el riesgo de desarrollar patologías psicológicas. En concreto, los trastornos de ansiedad y depresión presentan las prevalencias más elevadas, con un 56% y un 48% respectivamente. Les siguen los trastornos del sueño, que afectan al 26% de los deportistas, y el abuso de alcohol, con un 19%. Sin embargo, mientras que una lesión física suele activar mecanismos inmediatos de recuperación y seguimiento, los problemas de salud mental continúan siendo menos visibles y, en muchos casos, siguen estando estigmatizados.
Lola Fernández Ochoa, presidenta de la Fundación Blanca, defendió la necesidad de impulsar un cambio cultural dentro del deporte. «La mentalidad de máxima exigencia que caracteriza al deporte de élite tiene un impacto directo sobre el bienestar emocional de los deportistas. Es necesario que la salud mental reciba la misma atención y reconocimiento que una lesión física visible», afirmó. La fundación, que lleva años trabajando en la sensibilización sobre la salud mental en el deporte, insiste en que la prevención y el acompañamiento psicológico deben integrarse de manera natural en la rutina de los deportistas, desde las categorías base hasta la élite.
Otro de los ejes centrales del encuentro fue el análisis de la transición hacia la retirada deportiva, considerada uno de los momentos más críticos para la salud mental de los atletas. Cada año, entre un 5% y un 7% de los deportistas de élite se retiran, y lo hacen con una edad media de 34 años. Los especialistas señalaron que el final de la carrera profesional representa una de las etapas de mayor vulnerabilidad, especialmente cuando no existe una preparación previa ni una planificación a largo plazo. La retirada puede provocar pérdida de identidad, incertidumbre sobre el futuro profesional y dificultades de adaptación a una nueva realidad personal. De hecho, entre un 15% y un 20% de los deportistas retirados experimentan transiciones complejas que pueden requerir atención psicológica especializada.
La psiquiatra María López-Ibor insistió en la necesidad de acompañar este proceso desde una perspectiva integral. «El rendimiento y la competición forman parte de la vida del deportista, pero no pueden constituir el único eje sobre el que se construya su identidad. El acompañamiento psicológico, emocional, financiero y laboral resulta fundamental para afrontar esta transición», explicó. En este contexto, clubes, federaciones e instituciones están llamados a evolucionar sus modelos de acompañamiento para incorporar programas preventivos y recursos especializados desde las primeras etapas de la carrera deportiva hasta la retirada.
Las conclusiones del curso apuntan a la necesidad de desarrollar modelos de atención más completos, capaces de acompañar al deportista durante todas las fases de su carrera. Para ello, tanto expertos como deportistas defendieron la incorporación de equipos multidisciplinares que integren profesionales de la salud mental, así como una mayor coordinación entre clubes, federaciones e instituciones. La clausura estuvo a cargo de Alberto Tomé González, director general de Deportes de la Comunidad de Madrid, quien destacó la importancia de seguir promoviendo espacios de reflexión que contribuyan a avanzar hacia un modelo deportivo en el que la salud mental forme parte de las estructuras habituales de apoyo al deportista. «Debemos seguir impulsando espacios de diálogo que permitan comprender mejor la realidad de los deportistas y avanzar hacia un modelo deportivo en el que la salud mental forme parte de la estructura de apoyo de manera natural», afirmó.
De la mano de periodistas deportivos, también se reflexionó sobre el impacto de los medios de comunicación en la construcción de la imagen pública del deportista y sobre cómo la exposición mediática puede influir en su rendimiento, bienestar emocional y percepción social. Por último, el encuentro concluyó con una revisión de diferentes iniciativas europeas centradas en el acompañamiento integral del deportista y el cuidado de la salud mental a lo largo de toda su carrera, subrayando que el camino hacia un deporte más humano y sostenible pasa por reconocer que la mente es tan importante como el cuerpo.