El primer tren sin conductor que recorrerá la línea 6 del Metro de Madrid ya se encuentra en la capital, tras ser trasladado desde las instalaciones del fabricante CAF en Navarra. El convoy, que llegó desmontado en camiones de gran tonelaje, ha sido ensamblado en los depósitos de Cuatro Vientos, donde se concentran los trabajos técnicos previos a su puesta en servicio. En cuestión de semanas comenzará a moverse por la red, aunque inicialmente lo hará sin pasajeros y en horario nocturno.
Este vehículo representa el inicio de una transformación profunda en una de las líneas más transitadas del suburbano madrileño. No obstante, el proceso será gradual. Antes de que estos trenes funcionen sin maquinista, se ha previsto una fase larga de pruebas, ajustes y comprobaciones que se extenderá hasta 2027, fecha estimada para su entrada en servicio comercial con pasajeros.
Las pruebas comenzarán en otras líneas de la red, concretamente en los tramos de las líneas 10, 11 y 12, y siempre durante la noche, cuando el metro permanece cerrado al público. En esta etapa inicial, el tren circulará con maquinistas a bordo para verificar que todos los sistemas responden correctamente: frenado, aceleración, sistemas de seguridad, comportamiento en vía y comunicaciones. Solo cuando esta fase esté superada y se hayan completado las obras de adaptación de la línea 6, darán comienzo los ensayos en modo automático.
Uno de los cambios más visibles del nuevo modelo es la ausencia de cabinas de conducción en los extremos. Esta modificación libera espacio para los viajeros y permite aumentar la capacidad del tren, que podrá transportar a más de 1.300 personas, una cifra superior a la de los convoyes actuales. Además, al tratarse de un tren continuo, los pasajeros podrán recorrerlo de punta a punta sin barreras, lo que mejora la fluidez y la sensación de amplitud.
El nuevo sistema permitirá incrementar la frecuencia de paso en la línea 6. Actualmente circulan 19 trenes por hora, pero con la nueva tecnología se podrá alcanzar una cifra cercana a los 30 trenes por hora. Esto se traduce en intervalos de aproximadamente dos minutos entre convoyes, un beneficio especialmente relevante para una línea que soporta un volumen de pasajeros muy elevado. La velocidad máxima también aumenta, pasando de los 70 kilómetros por hora de los trenes actuales a 110 kilómetros por hora, lo que mejora el rendimiento general del servicio.
El ahorro energético es otra de las ventajas destacadas. Según los datos facilitados por Metro de Madrid, el consumo se reducirá en torno a un 20% gracias a los nuevos sistemas de tracción y a la tecnología incorporada. En el interior del tren también se han introducido novedades: más cámaras de videovigilancia repartidas por los vagones, nuevos interfonos para contactar con el puesto de mando en caso de incidencia, pantallas que informarán en tiempo real del recorrido y sistemas luminosos en las puertas que indican apertura y cierre con diferentes colores, acompañados de señales acústicas. Asimismo, se han reforzado los espacios reservados para personas con movilidad reducida y se han habilitado zonas específicas para bicicletas.
Este primer tren es solo el comienzo de un despliegue que llevará tiempo. Metro de Madrid ha encargado un total de 48 unidades de este modelo, aunque no llegarán todas a la vez. La incorporación será progresiva, a medida que se vayan fabricando y se completen las pruebas necesarias. La previsión es que las primeras pruebas en automático comiencen a finales de este año, pero la implantación completa del sistema no se espera hasta 2027.
La llegada de estos trenes coincide con un momento de crecimiento en el uso del Metro de Madrid. En los primeros meses del año se han registrado cifras récord de viajes, con millones de usuarios diarios utilizando la red. La línea 6, en particular, es una de las más transitadas. Ese aumento de la demanda explica, en parte, la necesidad de introducir trenes con mayor capacidad, más frecuencia y, además, sin conductor. La modernización de la línea circular no solo responde a la necesidad de mejorar la experiencia del viajero, sino también a la de adaptar la infraestructura a un volumen de pasajeros que no deja de crecer.