Melendi sigue encontrando una forma eficaz de permanecer en el centro de la conversación musical sin necesidad de convertir cada aparición en un gran anuncio. Su cita del 5 de septiembre en Starlite Occident, en Marbella, compartiendo noche con Wisin, cerró otro capítulo de un verano en el que el asturiano ha alternado grandes escenarios, colaboraciones y momentos personales que han mantenido viva la atención alrededor de su carrera.
La combinación con Wisin resulta llamativa porque resume bien la posición actual de Melendi. Su catálogo nació en un territorio muy ligado al pop, la rumba y la canción de autor de comienzos de los años 2000, pero con el tiempo ha aprendido a moverse en carteles donde conviven públicos muy distintos. Compartir una noche con una figura del reguetón puertorriqueño no borra esas diferencias; las convierte en parte del atractivo del festival.
Starlite es, además, un escenario especialmente útil para ese cruce. El festival de Marbella mezcla conciertos con una experiencia social más amplia y suele reunir artistas de generaciones y géneros diferentes. Para Melendi, aparecer allí en septiembre prolonga una relación con el evento que ya había dejado titulares en agosto.
Unas semanas antes, el cantante protagonizó en el mismo entorno un dueto inesperado con Malú. La colaboración reunió a dos voces muy reconocibles del pop español y activó el componente nostálgico sin quedar atrapada en él. Para una parte del público, Melendi pertenece a la banda sonora de una etapa concreta; para otra, sigue siendo un artista de gira cuya música ha evolucionado y que puede cruzarse con nombres de estilos diferentes.
La dimensión personal también ha estado presente. Durante el verano apareció acompañado por su familia, algo que añade interés mediático pero no debería eclipsar lo central: su capacidad para sostener una carrera de más de dos décadas en un mercado musical que cambia a gran velocidad.
Esa continuidad se explica en parte por un repertorio que funciona como memoria compartida. En los conciertos, las canciones antiguas no compiten necesariamente con las nuevas; sirven como punto de encuentro entre quienes comenzaron a escucharlo hace años y quienes llegan después. Es una ventaja que muchos artistas de larga trayectoria intentan conservar sin convertirse en una gira permanente de recuerdos.
El momento de Melendi también habla de cómo han cambiado los festivales españoles. Las fronteras entre pop, música urbana y repertorios considerados más tradicionales son menos rígidas que hace una década. Un cartel puede unir a un cantautor con una estrella latina, o convertir un dueto inesperado en el momento que circula durante días en redes sociales.
Después de Marbella, la pregunta no es si Melendi puede volver a llenar titulares: el verano ya ha demostrado que sí. Lo interesante será observar qué hace con esa visibilidad cuando termine la temporada de festivales. Su siguiente etapa tendrá que decidir cuánto peso deja a la nostalgia, cuánto a las nuevas colaboraciones y cuánto a una identidad artística que, pese a los cambios de moda, sigue siendo reconocible desde los primeros compases.