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Vecinos de la calle Toledo en Madrid denuncian una década de ruido y suciedad por una discoteca

Los residentes de la calle Toledo, en el distrito Centro, conviven desde hace más de diez años con gritos, botellones y orines atribuidos a la actividad de la discoteca Shoko. Denuncian la inacción del Ayuntamiento y han invertido en insonorización, mientras el sector del ocio nocturno defiende su voluntad de diálogo y anuncia refuerzos en los controles.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Los vecinos de la calle Toledo, en el distrito Centro de Madrid, llevan más de una década soportando gritos, botellones, vómitos y el olor a orina en los portales, molestias que atribuyen a la actividad de la discoteca Shoko. La situación, que algunos residentes describen como «un sinvivir que ha ido a peor», les ha llevado a invertir en insonorización y a dormir con tapones ante lo que consideran una respuesta insuficiente del Ayuntamiento.

Jesús, de 43 años, vive en el número 84 de la calle de Toledo desde que nació y sitúa en 2013 el inicio de los problemas. «Parece que aquí no tenemos derecho al descanso. Los encargados de seguridad dicen que no es su problema y el Consistorio se lava las manos», lamenta. Este vecino ha destinado dinero a mejorar el acristalamiento de sus ventanas y asegura que tardó en encontrar tapones que no le molestaran. El principal foco de conflicto, explica, se concentra en la entrada y el acceso al portal, donde la gente se reúne y deja botellas y restos de comida. Por eso, reclama instalar un vallado que impida que las personas se congreguen bajo sus casas, aunque lo considera «solo un parche» ante un problema que «requiere» una respuesta municipal.

Muy cerca, en el número 90, vive Fuencisla, de 64 años. Gracias a las ventanas de triple acristalamiento que han instalado, ahora puede ver la televisión sin tantas molestias, pero en verano la situación cambia. «Cuando están abiertas se oye todo lo que pasa en la calle. Hay gente que se ha ido porque no podía soportarlo», asegura. Los residentes intentan conseguir una licencia para instalar una barrera que impida el acceso de transeúntes a la entrada de su edificio. «Está lleno de copas hasta arriba porque la gente empieza a beber antes de entrar», lamenta.

La falta de cambios ha llevado a muchos vecinos a «dejar de batallar». «Hemos llamado al 092 muchísimas veces y hemos llegado a estar despiertos hasta las tres de la madrugada. Estamos hartos. No podemos pasarnos toda la vida denunciando», dice Fuencisla. Su vecina Sofía, también de 64 años, ha instalado ventanas de doble acristalamiento y aire acondicionado ante la «imposibilidad» de dormir en verano con las ventanas abiertas. Recuerda un episodio a principios de este año, cuando una reyerta a la salida del local acabó con un turismo embistiendo repetidamente a otro vehículo cerca de un aparcamiento. Un joven resultó herido y el conductor se dio a la fuga, aunque finalmente fue detenido. También relata llamadas al telefonillo a las cuatro o cinco de la madrugada y el «fuerte olor» de los restos de orina en la entrada, que dificulta invitar a su familia a casa.

En representación de Shoko, el portavoz de Noche Madrid, Vicente Pérez, defiende que el local mantiene un «contacto permanente» con los vecinos y destaca que la discoteca es un «referente» por tener «voluntad de diálogo». «Alguna queja puntual hay, pero somos los más comprometidos con evitar ruidos. Siempre se podrá hacer algo más con las medidas», reconoce. Pérez se compromete a revisar los protocolos si en las últimas semanas se ha producido «alguna relajación» en los controles de acceso. «Si se detecta algún fallo, adoptaremos medidas», asegura. Destaca la labor de los mediadores, que piden a los asistentes que guarden silencio, y que el personal permanece hasta que se marcha la última persona. En estos días, los trabajadores reciben formación especializada en prevención y resolución de conflictos, habilidades sociales y organización de colas y accesos.

Sobre la suciedad denunciada, Pérez la relaciona con la actividad de los comercios que abren las 24 horas. «Estamos batallando para que la normativa deje claro que no se pueda vender alcohol después de las 22.00 horas», subraya. No obstante, asegura que la «prioridad» del local es mantener limpios los portales cercanos y afirma que destinan dinero a ello. Los vecinos, mientras tanto, siguen reclamando medidas municipales que garanticen su derecho al descanso en una zona donde el ocio nocturno y la vida residencial conviven con una tensión que se prolonga desde hace más de una década.