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Ceuta teme que el campamento de migrantes en el puerto frene su negocio de repostaje naval

La decisión del Gobierno de instalar un campamento temporal para más de 1.000 migrantes en el puerto de Ceuta ha generado rechazo entre la autoridad portuaria, vecinos y patronal. La ciudad teme por su papel estratégico como 'gasolinera del Estrecho', un negocio que creció un 46% en 2024.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

La decisión del Gobierno de habilitar un campamento temporal para acoger a más de 1.000 migrantes en el puerto de Ceuta ha despertado suspicacias en la ciudad autónoma, que ve amenazada una de sus principales fuentes de ingresos: el repostaje de combustible a grandes buques, conocido como bunkering. La autoridad portuaria, los vecinos y la patronal se han opuesto a la instalación de las carpas, mientras el Ejecutivo defiende que el resto de escenarios alternativos propuestos han sido rechazados.

El puerto de Ceuta es una infraestructura vital para la ciudad. Rodeada por Marruecos y el Mediterráneo, la ciudad autónoma depende casi por completo de la Península para recibir agua potable, gasolina, alimentos, cemento o medicinas. Cada año, 2,5 millones de toneladas de mercancías pasan por sus muelles, y es también la principal vía de entrada y salida de los ceutíes. Nuria Lacaci, secretaria general de la Asociación de Cargadores de España (ACE), resume su importancia: «Todos los puertos españoles son infraestructuras críticas, pero el de Ceuta es esencial para la propia ciudad».

Más allá del abastecimiento, el puerto ha encontrado en el bunkering un negocio en auge que se ha convertido en un importante motor económico. Su geografía estratégica en el Estrecho de Gibraltar y su régimen fiscal más beneficioso le permiten actuar como una «gasolinera» para los buques que transitan una de las rutas marítimas más concurridas del mundo. El año pasado, el avituallamiento de combustibles líquidos movió 804.443 toneladas, un 46% más que en 2024, situando a Ceuta como el cuarto puerto del país en este segmento, por detrás de Bahía de Algeciras, Las Palmas y Barcelona.

El crecimiento ha sido notable. De los algo más de 10.000 navíos que pasaron por el puerto en 2024, uno de cada cuatro lo hizo para repostar. Alberto Camarero, catedrático en Ingeniería del Transporte de la Universidad Politécnica de Madrid, explica el fenómeno: «El estrecho es un punto clave de bunkering, es como una gasolinera donde hay mucha autovía». La autoridad portuaria ha ejecutado obras recientes para ampliar la capacidad de acoger barcos de mayor tamaño, y las disrupciones en el tráfico marítimo —la pandemia, la guerra de Ucrania, el cierre del canal de Suez o el del Estrecho de Ormuz— han beneficiado a este puerto y a otros de España.

Lacaci considera que cualquier uso del puerto ajeno a sus funciones «debería ser excepcional y reversible», y exige «una evaluación rigurosa de la seguridad, sobre accesos, conectividad y la normal explotación del puerto». La experta advierte de que si el puerto no sigue funcionando en condiciones óptimas, «todo lo que no sea eso va a encarecer las mercancías». El temor en la ciudad es que la instalación del campamento interfiera en una actividad que ha convertido a Ceuta en uno de los puertos con mayor crecimiento de tráfico del país, con un incremento del 36,8% el año pasado.

La principal mercancía que transita por el puerto son los graneles líquidos, productos petrolíferos para suministros, que el año pasado supusieron 960.000 toneladas, un 40% del tráfico total. Este volumen lleva aparejado un conjunto de instalaciones de almacenamiento y suministro dentro del recinto portuario, con las medidas de seguridad que requieren este tipo de combustibles. La ciudad autónoma, que ocupa la posición número 25 en volumen de mercancías entre las 28 autoridades portuarias españolas, defiende que su valor no se mide solo por el tonelaje, sino por su papel estratégico en el abastecimiento y la conectividad de la población.