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Brian Schmidt, Nobel de Física: «El principio del universo fue mucho más loco de lo que jamás imaginamos»

El astrofísico australiano Brian Schmidt, premio Nobel de Física en 2011 por el descubrimiento de la expansión acelerada del universo, participa en el festival Passion for Knowledge de San Sebastián, donde reflexiona sobre las incógnitas que abren las nuevas observaciones del espacio profundo y el impacto de la inteligencia artificial en la investigación científica.

El astrofísico australiano Brian Schmidt, galardonado con el premio Nobel de Física en 2011 por el descubrimiento de la expansión acelerada del universo, participa estos días en el festival Passion for Knowledge que se celebra en San Sebastián, organizado por el DIPC. En las horas previas a su conferencia, Schmidt ha conversado sobre las derivadas de su hallazgo, la irrupción de la inteligencia artificial en la investigación científica y las nuevas incógnitas que se abren en la cosmología.

A finales de la década de 1990, Schmidt y otros dos astrofísicos se toparon con un resultado que contradecía todas las expectativas: el universo no se estaba ralentizando, sino que su expansión se estaba acelerando, conduciéndonos hacia un futuro en el que las galaxias se separan a tal distancia que todo es oscuridad y frío. «Lo primero que piensas es que has cometido un error terrible», recuerda el científico. «Así que pasas muchísimo tiempo repasándolo todo una y otra vez en todas las direcciones posibles. Y, cuando finalmente te convences de que no hay ningún error que conozcas, empiezas a preocuparte por las cosas que no conoces y que nadie conoce».

El hallazgo se basó en el uso de supernovas de Tipo Ia, explosiones de estrellas enanas blancas que actúan como «candelas estándar», lo que permite calcular su distancia según su brillo. En 1994, los colegas de Schmidt en Chile demostraron que podían medir distancias cósmicas con una precisión sin precedentes, con un margen de error de solo el 7%. Diseñaron entonces un experimento para fotografiar supernovas lejanas con nuevas cámaras digitales y observarlas con el telescopio Keck de 10 metros en Hawái para medir su desplazamiento al rojo.

Schmidt subraya que la ciencia avanza poniendo a prueba constantemente sus propias suposiciones. «No prejuzgas al universo. De hecho, tienes que observarlo, medirlo y ver qué está sucediendo realmente, en lugar de lo que pensamos que debería suceder. Y a veces el universo te va a sorprender, porque no lo entendemos todo», afirma. Para él, los momentos en que algo no encaja son tan importantes como los instantes «Eureka». «En nuestro caso era como “Dios mío, ¿qué hemos hecho mal?”. Era una locura, pero simplemente asumíamos que encontraríamos un fallo», añade.

El descubrimiento de la aceleración cósmica tuvo implicaciones profundas en el modelo cosmológico. Cuando se detectó que faltaba aproximadamente el 70% del universo, los teóricos se enfrentaron a un panorama complejo: el modelo estándar estaba en apuros en 1998. Los que trataban de entender la inflación cósmica querían suficiente materia para que el universo fuera plano, pero no se encontraba ni la masa ni la gravedad necesarias al observar las galaxias. Además, la edad máxima posible del universo, calculada a partir de la constante de Hubble, era de unos 13.500 millones de años, insuficiente si el universo se estuviera frenando, ya que habría estrellas más antiguas que eso.

La aceleración cambió ese escenario: el universo pasó a tener unos 13.800 millones de años y se incorporó la energía oscura como una fuerza que contrarresta la gravedad. «Cuando te falta el 70% del universo, resulta que afecta a muchas cosas», señala Schmidt. El astrofísico también ha abordado el papel de la inteligencia artificial en la investigación, aunque sin entrar en detalles concretos, y ha insistido en que la ciencia progresa haciendo predicciones cada vez mejores, como se ha visto con el cambio climático.

Schmidt, que se define como alguien que nació en el momento adecuado para presenciar este cambio de paradigma, sigue asombrándose ante las incógnitas que abren las nuevas observaciones del espacio profundo, como los agujeros negros inesperados detectados por el telescopio James Webb en el universo temprano. Su participación en Passion for Knowledge busca acercar estas cuestiones al público y subrayar que la ciencia siempre asume que las cosas pueden estar equivocadas y sigue poniéndolas a prueba.