Las calles de Madrid se tiñeron de rojo y amarillo este lunes para recibir a la selección española de fútbol, que regresó a la capital como campeona del mundo tras conquistar el título en el torneo disputado en Estados Unidos, México y Canadá. Según fuentes oficiales, cerca de dos millones de personas se congregaron a lo largo del recorrido para vitorear a los jugadores y al cuerpo técnico liderado por Luis de la Fuente.
La jornada comenzó pasadas las 17.00 horas en el entorno del Palacio de la Moncloa, donde cientos de aficionados ya esperaban desde primera hora de la mañana. Familias enteras, niños con camisetas de Lamine Yamal y grupos de adolescentes ocuparon las aceras, las plazas y las medianas de la calle Princesa, mientras el autobús descubierto con los 26 futbolistas y el equipo técnico avanzaba lentamente entre la multitud. La espera, aunque larga, se amenizó con cánticos improvisados y el sonido de cláxones de vehículos que la afición confundía con la llegada de sus ídolos.
El recorrido incluyó paradas protocolarias en la Zarzuela y Moncloa, donde los campeones fueron recibidos por las autoridades antes de incorporarse a la rúa popular. El ambiente festivo se mantuvo durante todo el trayecto, con banderas de España, de las distintas autonomías y, en menor medida, algunas enseñas de Palestina. También se observaron, aunque de forma aislada, banderas con la cruz de Borgoña, símbolo asociado a la ultraderecha, que algunos aficionados portaron en medio de la celebración.
El punto culminante de la jornada llegó pasadas las 22.00 horas en la emblemática plaza de Cibeles, donde el equipo se subió al escenario para ofrecer un espectáculo musical que duró más de una hora. Los jugadores, lejos de mostrar signos de agotamiento tras la prórroga de la final, desplegaron su energía en actuaciones improvisadas: Pedro Porro cantó por El Barrio, Fabián animó a Gavi a bailar al ritmo de Bad Bunny, y Borja Iglesias interpretó un rap personalizado que arrancó los aplausos del público. Minutos después, el propio Borja se puso a los platos como DJ, mientras Marc Cucurella destacó por su ritmo tanto a la batería como al entonar el ya mítico tema que rima su apellido con un plato típico de la gastronomía española.
La música fue un hilo conductor de la noche. Sonaron temas de artistas como Lola Índigo, Ana Mena, Arde Bogotá, Viva Suecia y Saiko, que actuaron como teloneros antes de la llegada del equipo. También se escucharon clásicos como «Un beso y una flor» de Nino Bravo, himno oficioso de la selección durante el torneo, y «Mi gran noche» de Raphael, dedicado a Pau Cubarsí. El seleccionador Luis de la Fuente fue manteado por los jugadores sobre el escenario, en un gesto que reflejó la unión del grupo.
Uno de los momentos más emotivos lo protagonizó Rodri Hernández, quien, con la voz entrecortada, arengó a la multitud: «¡Somos campeones del mundo, viva la madre que me parió, viva la madre que nos parió, viva el rey y viva España!». El centrocampista, que fue clave en el torneo, se dejó la voz en la celebración después de haber entregado el alma sobre el campo. Mikel Merino, otro de los héroes del equipo, también tomó el micrófono para compartir su emoción con los aficionados.
La celebración no estuvo exenta de críticas. Entre la multitud congregada en Cibeles se vieron pancartas que pedían la dimisión del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en alusión a la polémica organización del Mundial. Sin embargo, el ambiente general fue de alegría y orgullo por un título que coloca a España en la cima del fútbol mundial por segunda vez en su historia, después del logro de 2010.
La rúa y el acto en Cibeles cerraron una jornada histórica para el fútbol español, que vivió su último baile colectivo con una afición que no olvidará fácilmente ni el camino recorrido ni el broche de oro en la capital.