Los ingresos diarios de un quiosco en España se han reducido hasta el punto de que algunos profesionales apenas ganan entre 50 y 60 euros al día. Así lo explica Álvaro, de 49 años, que lleva 24 al frente de un quiosco y que trabaja prácticamente todos los días del año, con solo tres días de fiesta oficiales.
En una entrevista concedida a COPE Rioja, Álvaro describe una jornada que comienza muy temprano. Entre semana se levanta a las seis de la mañana y abre el quiosco una hora después. Los fines de semana se levanta algo más tarde, pero el horario de atención se mantiene, de siete de la mañana hasta aproximadamente las dos y cuarto de la tarde. Antes de vender, debe revisar los pedidos que llegan y preparar el negocio, y en muchas ocasiones ya tiene clientes esperando antes de abrir.
El quiosquero asegura que oficialmente solo disponen de tres días libres al año. «Ni sábados, ni domingos, ni festivos nacionales, ni nada», señala. Con una caja media de entre 50 y 60 euros, explica que el número de clientes varía mucho según la jornada: puede haber días en los que pasen unas 25 personas y otros en los que entren 50, 60 o incluso 70.
La situación contrasta con la de hace años. Algunos quiosqueros con más experiencia recuerdan que llegaron a vender hasta 1.000 periódicos en una sola jornada, una cifra hoy muy difícil de alcanzar. Buena parte de los lectores consulta las noticias desde el teléfono móvil, el ordenador o las redes sociales, y ya no compra prensa en papel a diario. Además, revistas, coleccionables y determinados artículos de ocio se adquieren ahora por internet, algo que antes se hacía en el quiosco.
Los ingresos no son el único factor que determina la rentabilidad de un negocio de este tipo. Álvaro explica que el alquiler del suelo urbano que ocupa el quiosco se paga cada semestre y ronda los 160 euros, una cantidad que compara con la de una terraza de bar por metros. A esa cifra se suman otros costes de funcionamiento y las obligaciones fiscales correspondientes. Para muchos profesionales, el problema aparece cuando márgenes cada vez más reducidos deben compensar jornadas tan largas.
A la caída de las ventas se suma la falta de relevo generacional. Álvaro indica que algunos compañeros llevan muchos años trabajando y no encuentran a nadie que continúe el negocio cuando llega el momento de jubilarse. En cuanto a la clientela que se mantiene fiel a la prensa en papel, distingue dos perfiles: personas que compran el periódico antes de ir al trabajo para leerlo durante el trayecto o a lo largo del día, y, sobre todo, mayores de 50 años, jubilados que tienen más tiempo y una situación económica estable.
El quiosquero se muestra partidario de que los jóvenes recuperen parte de ese hábito, combinándolo con el consumo digital. «Lo lógico sería que la gente siguiera comprando y que las nuevas generaciones dejaran un poco el móvil, o lo alternaran, y también leyeran prensa escrita», asegura. Su testimonio refleja el dilema de muchos pequeños comercios que, más allá de la venta de periódicos, ofrecen cercanía y conversación en los barrios.