Wireva

Europa se prepara para sostener a Ucrania ante el distanciamiento de Trump

Las capitales europeas asumen que Estados Unidos no quiere seguir ayudando a Kiev y se preparan para respaldar por sí solas a Volodímir Zelenski en una eventual negociación con Rusia.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Los gobiernos europeos asumen que Estados Unidos ya no quiere sostener a Ucrania y se preparan para llevar ellos mismos el peso de la defensa de los intereses de Kiev en una eventual mesa de negociación con Rusia. Así lo reflejan fuentes diplomáticas de distintos países miembros de la Unión Europea, que reconocen en privado lo que empieza a decirse ya en público.

El contexto es el de unos contactos entre Washington, Kiev y Moscú que parecen avanzar. Donald Trump ha afirmado que el final del conflicto «está más cerca que nunca», y Volodímir Zelenski ha aceptado una congelación del frente. Sin embargo, en Bruselas crece la preocupación por el giro de la Casa Blanca. Las fuentes consultadas describen un distanciamiento de Estados Unidos respecto de Zelenski, mientras Trump critica en público la actuación militar rusa en las primeras horas de la invasión de 2022. «Los rusos tenían mil tanques avanzando por una autopista de concreto. Habrían estado en Ucrania en cuatro horas», dijo el presidente estadounidense desde la Casa Blanca, en unas declaraciones que no pasaron inadvertidas, aunque en el Gobierno ucraniano apenas se les dio importancia.

La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, sostuvo desde el Parlamento Europeo que los negociadores estadounidenses llevan cerca de dos años intentando empujar a Ucrania a rendirse en los términos de Vladímir Putin, y que Kiev no lo ha hecho gracias al apoyo europeo. Una tesis que, con un tono más moderado, comparten líderes como el canciller alemán, Friedrich Merz, y los primeros ministros de los países nórdicos. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue una de las voces más duras. Afirmó que la alianza occidental se encuentra ahora en una situación peor que hace unos días y recordó que comprar combustibles fósiles rusos supone, en palabras suyas, financiar la guerra.

Ese respaldo europeo se tradujo en gestos concretos. El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, acudió a Oslo junto a representantes de Alemania, Francia y la Comisión Europea para apoyar a Zelenski en su reunión con el enviado de Trump, Steve Witkoff. Según las fuentes, la UE no tiene todo el peso diplomático que quisiera, pero necesita aumentar su presencia para que Estados Unidos no incline el terreno de juego a favor de Putin, algo que, advierten, ya ha empezado a ocurrir con el acuerdo petrolero alcanzado entre Trump y Putin.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, avisó de que las sanciones contra Rusia no se levantarán hasta que Putin detenga la guerra. Bruselas y los 27 ya trabajan en un nuevo paquete de medidas contra Moscú, que sería el vigesimosegundo desde el inicio de la invasión. Todos comparten la misma tesis: no es momento de aflojar la presión sobre el Kremlin, sobre todo cuando Trump, según reconocen, concentra sus críticas en Zelenski, a quien ha calificado de mal interlocutor para las negociaciones.

Según Reuters, las propuestas de paz de Estados Unidos entregadas a Putin incluirían un escenario en el que Ucrania cedería todo el Donbás a Rusia a cambio de garantías de seguridad de la OTAN, según una fuente vinculada al Kremlin. En Kiev no lo confirman. Zelenski ha rechazado repetidamente retirar tropas ucranianas de las zonas del Donbás que todavía controla, donde se encuentran posiciones defensivas que considera esenciales para su seguridad futura.

Las fuentes diplomáticas explican la estrategia que atribuyen a Trump: tiene prisa por cerrar un acuerdo, aunque sea sin Ucrania, que pueda presentar antes de las elecciones de medio mandato previstas para el mes que viene. Advierten de que, si se reduce el apoyo estadounidense, la UE tendrá que aumentar su contribución, algo que no será sencillo. Kallas lo resumió así: si Rusia presenta sus exigencias máximas, la Unión debería poner también las suyas sobre la mesa para equilibrar la negociación, y defendió que las sanciones contra Moscú funcionan. «Es Rusia quien no quiere la paz», insistió ante los eurodiputados.