Las fallas de San Andrés y San Jacinto, en California, acumulan la mayor tensión sísmica de los últimos mil años, según una investigación liderada por Liliane Burkhard, de la división de Investigación Espacial y Ciencias Planetarias del Instituto de Física de la Universidad de Berna. El estudio, que eleva la probabilidad de un gran terremoto a un nivel considerado «histórico», ha reavivado el temor al denominado 'Big One', un megaterremoto que los expertos proyectan con una magnitud de 8 o superior y que devastaría el oeste de América del Norte.
La investigación señala que ambas fallas, que forman parte de uno de los límites entre placas tectónicas más peligrosos del mundo, han seguido acumulando tensión durante décadas e incluso siglos. Esto se debe a que los terremotos registrados en una parte de la red de fallas no alivian la presión en otras zonas. «Durante ese tiempo, la tensión tectónica se ha acumulado a lo largo de estas fallas, aumentando la probabilidad de una gran ruptura futura», explica el equipo de Burkhard. Los autores califican este estado como de «sobrecarga crítica».
El artículo no predice cuándo ocurrirá el sismo, pero sí apunta al lugar donde podría producirse. El equipo señala al puerto de Cajón, una montaña de 1.151 metros de altitud al noreste de Los Ángeles, cerca de San Bernardino, por donde pasan los principales corredores de transporte, líneas ferroviarias e infraestructura energética del estado. Allí convergen los dos sistemas de fallas y podrían romperse simultáneamente. Una ruptura que atraviese ambas fallas sería mucho mayor y más destructiva que una confinada a una sola de ellas, y amenazaría a Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el Valle de Coachella, entre las zonas más densamente pobladas de Estados Unidos.
La falla de San Andrés se extiende a lo largo de 1.300 kilómetros desde California hasta Baja California y representa uno de los límites más peligrosos entre placas tectónicas del mundo. En este punto, la placa del Pacífico y la placa norteamericana están en constante fricción, lo que provoca una acumulación de energía sísmica a lo largo del tiempo. Cuando se libera, esta acumulación puede generar terremotos de gran magnitud. «La cuestión de cuándo y cómo ocurrirá el próximo gran terremoto en esta región es uno de los problemas más apremiantes en la geociencia aplicada», asegura Burkhard.
Las consecuencias de un sismo de estas características serían devastadoras. Según las proyecciones de los expertos, un terremoto en esta parte de California podría causar más de 1.800 muertos y más de 50.000 heridos. La destrucción de infraestructuras, edificios y redes de servicios públicos supondría una factura de unos 200.000 millones de dólares. Además, el estudio HayWired, publicado por el Servicio Geológico de Estados Unidos, estima que en los primeros seis meses posteriores al megaterremoto, los daños supondrían unas pérdidas de otros 44.000 millones del PIB de California, un 4% de su economía.
El último sismo de gran magnitud en California fue el de San Francisco, ocurrido el 18 de abril de 1906. Fue uno de los más devastadores desde que hay registros en esa zona, con una magnitud estimada de 7,9. Destruyó gran parte del área de la Bahía y causó la muerte de unas 3.000 personas. Años después, con registros más precisos, se produjeron los terremotos de Kern, en 1952, con una magnitud de 7,5, y el de Landers, en 1992, con una magnitud de 7,3. La Universidad Tecnológica de Michigan advierte de que un terremoto de magnitud entre 7 y 7,9 ya es capaz de causar «daños graves»; por encima, la destrucción puede llegar a ser completa.
El fenómeno no es exclusivo de California. En Japón, los expertos estiman que hay un 82% de probabilidades de que un megaterremoto ocurra en los próximos 30 años. Un terremoto de 8 o 9 grados podría causar la muerte de más de 3.000 personas en el país asiático, que cuenta con una de las poblaciones más preparadas del mundo para afrontar seísmos.