El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, acusó al primer ministro Donald Tusk de cometer un «crimen contra la Constitución» en la pugna por el control del Tribunal Constitucional, una crisis institucional que, según la prensa local e internacional, es la más grave que vive el país en los últimos años. Tusk, por su parte, rechazó «ceder ante la ilegalidad».
El enfrentamiento venía anunciándose desde que Nawrocki, candidato apoyado por los nacionalpopulistas de Ley y Justicia (PiS), ganó las elecciones presidenciales hace poco más de un año por un margen estrecho. Tusk confiaba en terminar su mandato con un jefe del Estado afín que dejara de bloquear la acción de su gobierno, como había hecho su predecesor, Andrzej Duda. Nawrocki resultó más confrontacional.
La crisis estalló el viernes, cuando fue destituido el presidente del Tribunal Constitucional, Bogdan Święczkowski, antiguo miembro del gobierno de Ley y Justicia. Según la información disponible, Święczkowski se negaba a dejar actuar a los nuevos jueces designados por el Sejm, la cámara baja del Parlamento, y el presidente Nawrocki tampoco quería reconocerlos. De ese modo, la mayoría en el tribunal seguía favoreciendo al PiS.
Los nuevos jueces se plantaron y, con el visto bueno del primer ministro, se atrincheraron en el Constitucional, protegidos por la policía antidisturbios. Los sectores que hablaban de «golpe de Estado», señalan los artículos consultados, dejaban de lado el bloqueo del presidente, que se negaba a acatar la decisión del Parlamento.
Nawrocki entró de madrugada en el edificio del Constitucional a empujones y, en su camino, atropelló a la jueza Anna Korwin-Piotrowska, designada presidenta del tribunal tras la suspensión de Święczkowski. Después, en una intervención en la que se dirigió directamente a Tusk, el presidente afirmó que «la plena responsabilidad de cada agente de policía ante el Tribunal Constitucional, la suspensión de jueces, las órdenes ilegales y el ingreso al Tribunal recae en un solo hombre». Añadió que aquello «no es solo un delito contra la Constitución», sino también un error, y acusó al primer ministro de «dañar la imagen de Polonia».
Nawrocki reclamó «arrepentimiento» y «reparación», y pidió que los asuntos del país volvieran «a manos de los polacos». Recordó además que se acerca el Día de la Independencia y expresó la esperanza de que Tusk limitara su poder y pusiera fin a lo que calificó de acciones ilegales de sus representantes en el edificio del tribunal.
Tusk respondió en una alocución televisiva de cinco minutos, un día después de estallar la crisis. Explicó que la mayoría parlamentaria lleva tiempo intentando «reconstruir el Tribunal Constitucional destruido por Duda y por Nawrocki» y sentenció que «el Estado de Derecho se diferencia de la ley de la selva en que la razón no la deciden los músculos y la grosería». Según el primer ministro, «un juez, incluso si es una mujer frágil, no cede ante un matón agresivo». Tusk sostuvo que la solución era sencilla y posible sin cambiar la Constitución: que el presidente reconociera a los jueces legítimamente elegidos por el Sejm y que estos asumieran sus funciones.
En la reunión del martes del Consejo de Seguridad Nacional, Tusk adoptó un tono más conciliador. Dijo que la intervención de Nawrocki «no tenía nada que ver con la realidad» y era «muy emocional», afirmó que el tribunal había empezado a trabajar con normalidad y subrayó la necesidad de que ambos trabajen juntos «por la seguridad del país». Sin precisar cuándo ni dónde, aseguró que en los próximos días mantendrán un encuentro para intentar un compromiso, aunque reconoció que lo ve difícil.
La crisis se produce además en un contexto de tensión con Rusia. Tusk se refirió varias veces a las «provocaciones rusas» y Polonia desplegó una operación especial preventiva en su frontera con el exclave de Kaliningrado ante posibles sabotajes, provocaciones o incursiones. El despliegue incluye un gran número de policías, refuerzos de la Guardia de Fronteras y fuerzas antiterroristas, se mantendrá hasta el 8 de noviembre y busca proteger instalaciones estratégicas cerca del corredor de Suwałki, una franja de unos 65 kilómetros que une a los países bálticos con Polonia y que es uno de los puntos débiles de la OTAN.