La organización Aldeas Infantiles ha advertido de que la sobreexposición de menores en internet y redes sociales, conocida como sharenting, conlleva riesgos para la intimidad, la salud emocional, la huella digital y la seguridad de los más pequeños. Lo ha hecho a través de un informe titulado Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos e hijas en internet, presentado este martes en Madrid, que analiza una práctica cada vez más normalizada y que realiza casi la mitad de las familias en España.
El término sharenting une las palabras inglesas share (compartir) y parenting (crianza). Ecografías, vídeos de los primeros pasos, cumpleaños, vacaciones o logros escolares y deportivos compartidos en redes sociales forman parte de una práctica que, según la asociación, «se ha normalizado hasta pasar casi desapercibida» y que «plantea importantes retos para la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia».
Durante la presentación del informe, el subinspector del Grupo IV de Protección al Menor de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional, Eduardo Casas, fue tajante: «En cualquier lugar online donde haya niños va a haber depredadores sexuales». Casas advirtió de que con la irrupción de la inteligencia artificial este riesgo se agrava, porque se pueden crear falsos desnudos o escenas sexualizadas a partir de imágenes reales para chantajear, extorsionar o humillar a los menores. «Los pederastas pueden entrenar estos programas con fotos reales para crear imágenes de explotación sexual infantil», explicó, antes de aconsejar a las familias: «No suban fotos de sus hijos a internet».
Un estudio reciente del Instituto Universitario de Investigación en Criminología y Ciencias Penales de la Universitat de València revela que el 72% de las imágenes incautadas a agresores sexuales en sus ordenadores eran fotografías de 'nivel 0', es decir, no sexualizadas, normales o cotidianas de menores. El informe subraya que «al colgar una foto en redes sociales, no sabemos qué va a pasar con ella, dónde va a acabar. Si se convierte en material de explotación sexual infantil, el niño o la niña cargarán con ese estigma psicológico toda su vida».
Los autores del trabajo concluyen que «la sensibilización debe partir de la información y no de la culpabilización», porque «la mayoría de las familias comparte estos contenidos con buena intención y sin conocer plenamente sus posibles consecuencias». Sin embargo, insisten en que los niños y adolescentes «tienen derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de sus datos personales». La difusión de momentos íntimos o embarazosos sin su permiso puede generar vergüenza, enfado, pérdida de confianza y conflictos familiares, además de dificultar la construcción de su identidad.
La psicóloga sanitaria Mercedes Bermejo, experta en infancia, adolescencia y familia, explica que «la familia debería ser un refugio, un espacio de seguridad donde la intimidad de sus miembros está protegida. Cuando priorizamos el hacia fuera (cómo me muestro, cómo me ven), empezamos a descuidar el hacia dentro (quién soy yo)». Aldeas Infantiles advierte de que la sobreexposición puede transmitir a los menores que «su intimidad no tiene valor y dificultar que aprendan a respetar también la de los demás».
Según una encuesta reciente de Kaspersky, el 48,9% del sharenting de familias españolas se hace a través de WhatsApp, seguido de Facebook (24,5%) e Instagram (22,8%). Casi la mitad de los padres y abuelos españoles (47%) publican fotos de sus hijos y nietos menores en internet, y el 65,3% de la exposición se concentra en la primera infancia. Además, el 55,5% publica imágenes en las que se ve la cara del menor y el 89% lo hace sin pedir consentimiento.
Ya en 2020, el informe EU Kids Online señalaba que España es el país europeo donde más sharenting se practica: una de cada cuatro familias lo hace al menos varias veces al año, frente a la media europea de una de cada cinco. No obstante, solo en el 4% de los menores la exposición acabó en algún tipo de daño, por debajo de la mayoría de los países europeos. Un estudio de 2021 recogió que aproximadamente el 12% de los niños pidió a sus padres que borraran información compartida.
El informe también alerta del 'sharenting institucional', ya que la huella digital de los menores no solo la crean sus familias, sino también centros escolares, empresas de extraescolares, campamentos o clubes deportivos que comparten imágenes de sus clientes en redes sociales previa autorización de los tutores legales. En este sentido, apuntan que los contenidos de marketing en los que aparecen imágenes de menores tienen mayor impacto.