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PISA 2025 deja a España ante su peor fotografía educativa

España marca mínimos históricos en lectura, matemáticas y ciencias y aumenta el grupo de alumnos que no alcanza las competencias básicas.

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Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

España no ha sufrido simplemente una mala edición de PISA. Los resultados de 2025 dibujan un cambio de escala: las tres áreas evaluadas caen hasta mínimos históricos de la serie española y, al mismo tiempo, crece el porcentaje de adolescentes que no alcanza el nivel considerado básico para desenvolverse con solvencia.

Los estudiantes españoles de 15 años obtuvieron 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Frente a 2022, la caída fue de 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias. España queda por debajo tanto de la media de la OCDE como de la Unión Europea en las tres materias.

El descenso importa por dos razones. La primera es la velocidad. PISA no registra únicamente diferencias pequeñas que puedan atribuirse a variaciones estadísticas normales: el deterioro de lectura y matemáticas es suficientemente grande como para alterar de forma visible la posición y, sobre todo, el nivel de competencia de una generación. La segunda es que el problema no se concentra solo en quienes sacan peores notas.

El 33% del alumnado español quedó por debajo del nivel 2 en matemáticas y el 32% en lectura. En la edición anterior eran el 27% y el 24%, respectivamente. Al mismo tiempo, apenas el 4% alcanzó niveles de alto rendimiento en matemáticas y el 2% en lectura, frente al 8% y el 6% de la media de la OCDE. El sistema, por tanto, pierde terreno por abajo sin compensarlo con una expansión clara de la excelencia por arriba.

El contexto internacional tampoco permite a España consolarse demasiado. La OCDE informa de que PISA 2025 produjo los promedios más bajos registrados en matemáticas y lectura para el conjunto de la organización. Participaron unos 760.000 estudiantes de 91 países y economías. La caída española forma parte de un deterioro más amplio, pero es suficientemente intensa como para exigir respuestas propias.

Las diferencias internas añaden otra capa. Trece comunidades autónomas perdieron al menos 20 puntos en lectura y diez registraron caídas de esa magnitud en matemáticas. Eso significa que no hay una única explicación territorial, aunque algunas regiones sufran retrocesos especialmente bruscos. También obliga a mirar qué políticas, organización escolar y condiciones sociales permiten resistir mejor una tendencia general negativa.

Durante años, buena parte del debate educativo español ha girado alrededor de leyes, currículos y confrontaciones ideológicas. PISA devuelve la discusión a una pregunta más concreta: qué pueden hacer realmente los alumnos de 15 años con lo que han aprendido. Entender un texto complejo, razonar con números o aplicar conocimientos científicos no son abstracciones académicas. Son herramientas que afectan después a la formación profesional, la universidad, el empleo y la capacidad de participar de forma autónoma en la vida pública.

El desafío para las administraciones no será reaccionar a un ranking con otra reforma de nombre nuevo. La magnitud del retroceso obliga a identificar qué ocurre dentro del aula: hábitos de lectura, asistencia, concentración, disciplina, formación y estabilidad del profesorado, apoyo a los alumnos rezagados y uso de herramientas digitales. Algunas de esas variables pueden requerir decisiones nacionales; otras dependen de las comunidades y de los propios centros.

PISA 2025 llega, además, cuando la inteligencia artificial ya forma parte de la rutina de muchos estudiantes. Esa transformación puede ayudar a personalizar el aprendizaje, pero también hace más urgente saber si el alumno comprende, razona y escribe por sí mismo. Los datos no dictan una política concreta, pero sí fijan el punto de partida: España tiene más adolescentes lejos del nivel básico y menos margen para tratar la caída como un tropiezo pasajero.

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