El desierto de Tabernas, en Almería, ha acogido durante nueve jornadas consecutivas una campaña de pruebas clave para preparar la misión europea ExoMars, que llevará al planeta rojo al rover Rosalind Franklin. El protagonista de los ensayos ha sido Charlie, un prototipo desarrollado por la Agencia Espacial Europea (ESA), Airbus y otros socios europeos que reproduce buena parte de las características y el comportamiento del vehículo que viajará a Marte.
La elección de Tabernas no es casual. La combinación de polvo, piedras, desniveles y determinadas características geológicas del terreno ofrece condiciones especialmente útiles para poner a prueba la tecnología que se utilizará en la superficie marciana, según explica Vincent Schaeffer, ingeniero de Airbus Defence and Space. El paisaje que durante décadas sirvió de escenario para el cine del Oeste y para las aventuras de Indiana Jones se ha convertido ahora en un improvisado laboratorio espacial.
Durante los ensayos, realizados en el paraje de Las Lomillas, los equipos de ingeniería espacial sometieron a Charlie a diferentes situaciones para comprobar cómo responde y, al mismo tiempo, entrenar a los profesionales que tendrán que dirigir las operaciones de la misión ExoMars. El experimento tuvo una particularidad: el rover permaneció en Almería, pero las órdenes se diseñaron desde el centro de control de Turín, en Italia. Cada jornada, los equipos italianos elaboraban una secuencia de tareas y la enviaban al prototipo, que debía ejecutar los movimientos de forma autónoma.
Se trata de una simulación de lo que ocurrirá en Marte. La distancia entre ambos planetas hará imposible controlar el rover como si fuera un vehículo teledirigido convencional, por lo que la misión tendrá que anticipar buena parte de sus operaciones. Una vez en Marte, el futuro Rosalind Franklin contará además con el Trace Gas Orbiter, un satélite europeo que actuará como enlace de comunicaciones entre el rover y las estaciones terrestres.
Charlie se mueve a una velocidad aproximada de un centímetro por segundo. Sus seis ruedas pueden funcionar de manera independiente para adaptarse a un terreno irregular, una capacidad fundamental para desplazarse por la accidentada superficie marciana. Su actividad tampoco será continua: las operaciones se organizarán en periodos conocidos como 'sol', equivalentes a un día marciano. La ventana de trabajo será limitada y estará condicionada por la necesidad de activar y posteriormente apagar los sistemas del vehículo, que utiliza energía solar. El prototipo también incorpora diferentes instrumentos para reproducir las capacidades del futuro explorador, entre ellos cámaras situadas en su mástil que permiten obtener información tridimensional del entorno.
El verdadero objetivo de la misión no es Charlie, que nunca viajará a Marte, sino Rosalind Franklin, un rover de 200 kilos encargado de perforar el suelo marciano hasta alcanzar aproximadamente dos metros de profundidad y analizar las muestras obtenidas en un laboratorio instalado a bordo. La profundidad es una de las claves de la misión. El subsuelo ofrece mayor protección frente a la radiación que castiga la superficie de Marte, por lo que los científicos consideran que allí podrían conservarse mejor determinados materiales orgánicos. El objetivo final será estudiar si Marte pudo albergar vida en algún momento de su historia y buscar posibles evidencias que hayan quedado preservadas bajo su superficie.
La campaña de pruebas en Tabernas ha concluido después de nueve días de simulaciones sin averías graves y con un balance positivo por parte de los equipos responsables, demostrando que los paisajes del desierto almeriense pueden servir para recrear mundos muy diferentes. A miles de kilómetros de allí, los equipos de la misión ExoMars continúan preparando un viaje cuyo verdadero destino no es solo otro planeta, sino una de las preguntas que más ha intrigado a la humanidad: si alguna vez hubo vida más allá de la Tierra.