Wireva

Fallece Gloria Steinem, icono del feminismo, a los 92 años

La periodista y activista Gloria Steinem, figura central del feminismo estadounidense, ha fallecido a los 92 años. Su legado incluye décadas de lucha por la igualdad, el derecho al aborto y la libertad de elección.

La periodista y activista Gloria Steinem, una de las voces más influyentes del feminismo contemporáneo, ha fallecido a los 92 años. Su muerte marca el cierre de una vida dedicada a la lucha por la igualdad de género, los derechos reproductivos y la justicia social, causas que la convirtieron en un símbolo global mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Steinem construyó su carrera en un momento en que el periodismo y la política eran territorios mayoritariamente masculinos. Como cofundadora de la revista Ms. en 1972, dio plataforma a debates que hasta entonces se consideraban privados o menores, desde la violencia doméstica hasta la brecha salarial. Su capacidad para conectar la experiencia personal con la estructura política transformó la manera de entender el activismo y acercó el feminismo a millones de lectoras que se reconocieron en sus páginas.

En una de sus últimas entrevistas, publicada en 2025, Steinem reflexionaba sobre la importancia de mantener una actitud abierta ante el futuro. «Sin elección, la vida se convierte en destino; con elección, se convierte en libertad», afirmó entonces. Esa frase resume buena parte de su filosofía: la convicción de que la autonomía personal, especialmente la de las mujeres, es la base sobre la que se construye cualquier sociedad democrática y justa.

Su activismo no se limitó a la teoría ni a las redacciones. Steinem participó activamente en las grandes batallas legales y sociales de su tiempo, desde la defensa del derecho al aborto hasta la denuncia de la discriminación laboral. También fue una viajera incansable y una observadora aguda de realidades distintas a la suya, algo que ella misma consideraba esencial para entender la complejidad del mundo y para evitar que el feminismo se convirtiera en un movimiento de élite desconectado de las mayorías.

La noticia de su fallecimiento ha provocado una oleada de reacciones entre activistas, políticas y figuras de la cultura que la consideraban una mentora y una referencia ética. Su imagen en San Francisco en 1977, con el puño en alto y una sonrisa serena, se ha convertido en una de las fotografías más reproducidas del siglo XX, símbolo de una generación que decidió que la igualdad no era un favor que debía pedirse, sino un derecho que debía exigirse.

El legado de Steinem es doble. Por un lado, deja una obra periodística y ensayística que sigue leyéndose como un manual de resistencia lúcida. Por otro, deja un ejemplo vital: el de una mujer que convirtió su propia biografía —la infancia itinerante, el cuidado de una madre enferma, los años de precariedad como escritora independiente— en material de análisis político. Nunca separó lo personal de lo colectivo, y esa coherencia es quizá su mayor enseñanza.

Con su muerte, el feminismo pierde a una de sus grandes narradoras, pero su voz permanece en cada conversación que logra convertir la experiencia individual en acción compartida. La cita que dejó en 2025 no es un epitafio, sino una instrucción: la libertad no es un punto de llegada, sino una práctica diaria que exige estar despierto, informado y dispuesto a cambiar de opinión cuando los hechos lo reclaman.