La defensa que la ministra de Defensa, Margarita Robles, hizo de la actuación del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) durante la crisis migratoria de Ceuta la ha dejado en una posición de aislamiento dentro del Ejecutivo. Al sostener que los servicios de inteligencia cumplieron correctamente con su labor, la ministra ha puesto en evidencia que el resto del Gobierno, a través de la Delegación en Ceuta y del Ministerio del Interior, no diseñó los escenarios necesarios ni adoptó las medidas para contrarrestar la amenaza que ya había sido comunicada.
La exmagistrada mantuvo su postura cuando el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, negó la existencia de informes de inteligencia sobre Ceuta y también cuando este moduló su versión hasta la que respaldaría Moncloa: que había informes, pero que no alertaban de la magnitud que acabaría teniendo la entrada masiva. En su comparecencia ante el Congreso del pasado 25 de agosto, Robles advirtió de que no acudía a la Cámara Baja «con una narrativa» sino a «explicar los hechos», y subrayó que el CNI «realizó la labor que competencialmente les era y es exigible», con información que se «compartió y analizó» con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con la Delegación del Gobierno en Ceuta.
En el seno del Gobierno son plenamente conscientes de que la titular de Defensa no solo plantea un duelo al ministro del Interior, sino al conjunto del Ejecutivo con el presidente a la cabeza. Fuentes gubernamentales interpretan que Robles está tratando de forzar que Pedro Sánchez la destituya, y a esa intención atribuyen su actitud en el pleno sobre Ceuta del jueves 3 de septiembre, cuando apenas aplaudió al presidente y se sentó rápidamente mientras sus compañeros mantenían la ovación en pie. «Es evidente lo que está buscando. Lo que quiere es que la eche para construir su relato, pero eso no va a pasar: que se vaya ella», explican a El Confidencial. A esta lectura se suma la percepción de que «siempre cuida mucho los medios de derechas»: «Que dimita, y que les dé una entrevista contando que ella en realidad es de derechas».
Sin embargo, la desclasificación de los documentos relativos a Ceuta cubre de razón a la ministra de Defensa. El CNI no solo avisó al Gobierno de la entrada masiva de inmigrantes en la ciudad autónoma a las 13:52 del día anterior, sino que también alertó a la inteligencia marroquí, y Rabat permitió que ocurriera. La información llegó a la Delegación del Gobierno, a la Guardia Civil y al CENIF de la Policía Nacional, por lo que la credibilidad de Robles queda blindada frente a la del ministro del Interior, que no adoptó las medidas adecuadas para proteger la frontera y reaccionó intentando cargar la culpa al CNI. Grande-Marlaska llegó a aseverar que «ningún» servicio de información «atisbó nada parecido» al precedente de 2021.
Esa pérdida de credibilidad no afecta solo al ministro del Interior. Al asumir la Presidencia del Gobierno este relato, queda también minada la del propio jefe del Ejecutivo, que horas antes de publicarse los informes secretos insistió en que los servicios de inteligencia no tienen suficiente capacidad de «anticipación» y «prevención». Las fuentes de Moncloa, por su parte, sostienen que el CNI nunca alertó de una llegada masiva: «Informaban de que estaba circulando una convocatoria en dos grupos de Facebook para entrar a la ciudad de forma irregular durante la semana de la Fiesta del Trono», con «un total de 180.000 seguidores», algo que ya era conocido por otras instituciones y que no fue interpretado como un indicador de escala o probabilidad prospectiva. Añaden que el CNI no emitió ninguna alerta formal y se limitó a trasladar la información por mensaje y breve llamada telefónica al Gabinete de la Delegación del Gobierno de Ceuta y a la UCE-3 de la Guardia Civil. «Un organismo que cree que al día siguiente va a producirse una entrada masiva no se limita a mandar un WhatsApp ambiguo a un cargo menor: lo eleva», remachan.
La publicación de los documentos desactiva ese argumentario y refuerza la posición de Robles, que también pidió disculpas y afirmó que «se ha llegado tarde», aludiendo a imágenes que muestran «una inactividad de las autoridades fronterizas», sin señalar al régimen marroquí como responsable. La ministra sostuvo además que «si los ciudadanos de Ceuta se sienten abandonados» es «porque algo habremos hecho mal». El enfrentamiento entre la titular de Defensa y el núcleo del Ejecutivo queda así abierto, con la credibilidad del presidente y de su ministro del Interior en cuestión mientras Robles se mantiene firme en su versión de los hechos.