La organización de defensa de los animales Peta ha vuelto a irrumpir en las pasarelas. Durante la Semana de la Moda de Londres del mes pasado, la activista Josie Knowles se coló en un desfile con un cartel que rezaba «H&M: Wool is Bloody Cruel» («H&M: la lana es cruel de narices»), según ha trascendido ahora. La protesta recupera las tácticas de los años 2000, cuando el colectivo interrumpía desfiles para denunciar el uso de pieles en la industria. En aquel entonces, Peta celebró la progresiva retirada de las pieles de las colecciones como una victoria. Ahora, el grupo ha redirigido su campaña hacia la lana, un material que considera igualmente problemático por el trato a las ovejas.
La irrupción de Knowles no pasó desapercibida. Su atuendo —top corto, pantalones de corte impecable y tacones altos— y su porte al caminar la hicieron parecer una modelo más hasta que el cartel quedó a la vista. Un comentarista en redes sociales lo resumió con ironía: «No me digas que Peta no sabía lo que hacía cuando contrató a esta diva». La frase se viralizó y puso de relieve cómo la organización ha sabido adaptar su mensaje a la era de las redes sociales, donde la estética y el impacto visual amplifican la difusión.
El regreso de Peta a las pasarelas plantea una pregunta incómoda para una industria que ya había asumido el fin de las pieles como un logro ético. Si la lana se convierte en el nuevo objetivo, ¿están las firmas de moda preparadas para responder? H&M, señalada directamente en la pancarta, no ha emitido por ahora una declaración pública sobre el incidente. La compañía sueca es uno de los mayores minoristas de moda del mundo y utiliza lana certificada en muchas de sus colecciones, según sus propios informes de sostenibilidad.
La acción de Peta se enmarca en una estrategia más amplia que busca presionar a las marcas para que eliminen por completo los materiales de origen animal. La organización sostiene que la producción de lana implica prácticas crueles, como el corte de cola o el hacinamiento, aunque la industria lanera defiende que existen certificaciones que garantizan el bienestar animal. El debate, sin embargo, ya no se libra solo en los tribunales o en los informes corporativos, sino en el terreno simbólico de las pasarelas y las redes sociales.
La Semana de la Moda de Londres, celebrada el mes pasado, se convirtió así en el escenario de una protesta que mezcla activismo, moda y espectáculo. No es la primera vez que Peta utiliza este tipo de acción directa: en los años 2000, sus incursiones en desfiles de firmas como Burberry o Versace generaron titulares y forzaron un debate público sobre las pieles. Ahora, con la lana en el punto de mira, la organización busca replicar aquel éxito y presionar a las marcas para que reconsideren sus materiales.
El impacto de la protesta trasciende el momento puntual. En un contexto en el que la sostenibilidad y la ética animal son valores cada vez más demandados por los consumidores, las firmas se enfrentan a la necesidad de justificar sus elecciones. La lana, un material tradicionalmente asociado a la calidad y la calidez, se convierte así en un campo de batalla inesperado. Peta ha demostrado que sabe cómo captar la atención y, una vez más, ha puesto el foco en una práctica que muchas marcas daban por sentada.