El cantautor Pedro Pastor ha cancelado la gira de conciertos que tenía prevista en Estados Unidos al no recibir a tiempo el visado de trabajo necesario para entrar en el país. El artista comunicó la suspensión a sus seguidores con un vídeo en Instagram apenas tres días antes de volar a Seattle, donde iba a comenzar el recorrido con su equipo. La primera actuación estaba programada para el jueves en un teatro de Port Angeles, en el estado de Washington.
Pastor, que presenta su disco «10 Locos Años Descalzos», se muestra cauto a la hora de interpretar lo sucedido. Ante las reacciones de muchos fans, que han relacionado el contratiempo con su perfil ideológico, el músico asegura que no tiene constancia oficial de que su discurso crítico haya motivado la demora. «No me han censurado la gira, han utilizado trabas administrativas, legales y jurídicas para que yo no pueda tener mi visa a tiempo», explica. Añade que nadie le ha comunicado que la decisión responda a su posición «propalestina» o a su ideología, aunque insiste en que el bloqueo a última hora no es habitual: «Hay una falta de interés en que vayamos».
El propio artista reconocía que aceptar la gira le planteaba un dilema moral. Pastor, que se define por su «condición humanista, antiimperialista», asegura que hasta ahora nunca le había interesado viajar a Estados Unidos. «Por supuesto que genera contradicciones ir a cantar a Estados Unidos hoy en día, que es el país que desestabiliza la paz mundial», señala. Aun así, decidió asumir el compromiso porque considera que no se puede juzgar a toda la población por las decisiones de sus gobernantes. «Es absurdo pensar que Estados Unidos es Donald Trump. La mayoría de personas que han ido a ejercer su derecho al voto han votado por él, como pasa en otros tantos países en los que gobierna la extrema derecha, pero es absurdo extrapolar eso a toda una población», razona.
Uno de los motivos que le llevaron a embarcarse en el proyecto fue la posibilidad de llegar a la comunidad latina del país. «Hay muchísima comunidad latina que ahora más que nunca necesita escuchar canciones que le den un poquito de aliento, esperanza, de apapacho, de contención», reivindica el cantautor. Por eso, la suspensión supone también un revés para el componente social que el artista atribuye a sus conciertos.
Los trámites para obtener los permisos comenzaron en febrero. El equipo de Pastor contrató abogados estadounidenses y completó toda la documentación requerida ante el consulado. Sin embargo, a una semana del vuelo previsto, recibieron por correo postal un requerimiento extraordinario que ponía en duda gran parte de lo presentado. La respuesta legal exigida obligaba a alargar el proceso durante varias semanas, lo que hacía imposible cumplir el calendario de actuaciones.
La gira contaba además con el respaldo de Mid Atlantic Arts, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que apoya la programación artística en distintos estados. La entidad fomenta giras, intercambio cultural internacional y subsidios para artistas. En este caso, el proyecto había recibido una ayuda de 26.000 dólares que se destina a productores y programadores locales para cubrir hasta la mitad del caché del grupo en salas y festivales de zonas culturalmente menos transitadas.
Conseguir esa ayuda no fue fácil. Tras un concierto acústico en la Universidad de Memphis el año pasado, el equipo de Pastor decidió presentarse al programa. Quedaron finalistas y, en octubre, se anunció que el proyecto había sido uno de los cinco seleccionados de toda España y Portugal. Por eso, al cantante le resulta paradójico que las autoridades consulares bloqueen una iniciativa cofinanciada, en parte, con fondos públicos de Estados Unidos. Pastor habla de la «absurdez» y la «paradoja tan grande» de la situación.
La cancelación tiene consecuencias económicas directas para un proyecto que lleva quince años autogestionándose. El grupo ha perdido el dinero invertido en billetes de avión, no recuperará el coste de los primeros alojamientos y devolverá el importe de las entradas. Además, asumirá parte del sueldo de músicos y técnicos, y dejará de ingresar por los conciertos que rechazó en España para reservar esas fechas. «Hay pérdidas económicas reales que para un proyecto como el nuestro son grandes, y además se le suma que agosto es un mes muy fuerte de trabajo en España y habíamos dicho que no a muchísimas propuestas», lamenta.
El contratiempo llega además en el mejor momento comercial de la carrera del artista, con más entradas vendidas que nunca. La suspensión deja en el aire un proyecto que combinaba música, migración y crítica política, y convierte el visado en el último obstáculo de un camino que Pastor emprendió entre contradicciones y que finalmente no podrá recorrer.