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La sequía obliga al vino español a reinventarse: ingeniería genética y drones tras perder 100.000 hectáreas en 15 años

El sector vitivinícola español afronta una vendimia cada vez más temprana, una producción a la baja y un consumo decreciente. La sequía y las olas de calor han provocado la pérdida de cerca de 100.000 hectáreas de viñedo en 15 años, lo que empuja al sector a adoptar tecnología, nuevas variedades y riego para garantizar su supervivencia.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

El cambio climático está transformando el mapa del vino en España. La vendimia se adelanta cada año, la producción cae y el consumo de alcohol desciende de forma sostenida. En los últimos 15 años, el país ha perdido cerca de 100.000 hectáreas de viñedo, según los cálculos que maneja el sector, una superficie que se ha destinado a otros cultivos o simplemente no se ha vuelto a plantar. La combinación de sequía, olas de calor y menores rendimientos ha llevado a bodegas y agricultores a un momento de gran complejidad en el que muchos se replantean su continuidad.

«El cambio climático está ahí, no lo puede negar nadie», explica Paco Berciano, experto en el sector del vino. «Cada año es una vendimia más temprana. La maduración, con el calor, y la vendimia han sido muy rápidas y no es solo un problema español. Estamos viendo cómo todas las grandes zonas vinícolas tienen que arrancar el viñedo de poca calidad, porque no es rentable», añade. Berciano advierte de una consecuencia más grave: «Con el cambio climático, si desaparecen esas zonas de viñedo, esos territorios serán un desierto, porque la viña es lo que más aguanta. Tenemos un problema serio porque para esos lugares no hay alternativas».

La vendimia de este año ha sido excepcionalmente temprana. «Si hace 20 años alguien hubiera dicho que íbamos a empezar a cosechar a mediados de agosto le habríamos tratado de loco», afirma Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero. José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino (FEV), confirma que la cosecha se ha adelantado un mes tanto en su inicio como en su final, aunque matiza que la uva ha sido de gran calidad. Las organizaciones agrarias insisten en que no es un fenómeno pasajero. «Llevamos varias campañas así», apunta Roberto Ruiz Clavijo, responsable vitivinícola de la Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG). «Es algo que vemos en todo el territorio, en todas las denominaciones, debido al cambio climático, y es algo que es un problema, porque los ciclos se acortan y la producción se reduce».

Ignacio Huertas, secretario de Agricultura de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), detalla los factores que han condicionado el año: «las olas de calor continuas y largas, durante el verano» y una primavera «muy seca» que afectó claramente al viñedo. El resultado es una producción que rondará los 33.000 millones de hectolitros, frente a los 43.000 de hace solo cinco años. «Llevamos tres años con producciones anormalmente bajas. En este, vamos a estar en niveles de 2025, que ya fue uno de los peores de la historia», señala Huertas. En total, España cuenta con 900.000 hectáreas de viñedo, la mayoría de secano, y cerca del 70% de las que han desaparecido pertenecían a este modelo tradicional, explotaciones familiares que generan mucha mano de obra local.

Ante este escenario, el sector explora soluciones que pasan por la inversión y la tecnología. «Los periodos de sequía, las olas de calor, han venido para quedarse y están cambiando los protocolos del cultivo de la vid. Vamos a tener que cambiar las metodologías, plantas que aguanten mejor el estrés hídrico. Hemos visto que las parcelas con dotación de riego son las que mejor están aguantando», subraya Ruiz Clavijo. También se plantea la plantación de variedades en zonas más altas para reducir el estrés térmico. La ingeniería genética y el uso de drones para monitorizar el viñedo se perfilan como herramientas clave para adaptar un cultivo que, en palabras de los expertos, es de los que mejor resiste, pero que ya muestra signos de agotamiento en amplias regiones.

El presidente de la DO Ribera del Duero reconoce la dificultad de replantear el regadío: «No es sencillo, porque las parcelas tienen que tener una superficie determinada, porque hay terrenos alejados de los ríos, hay que hacer perforaciones, instalaciones y la rentabilidad puede ser discutible, pero habría que estudiarlo si la supervivencia del viñedo lo exige». «La climatología ha cambiado y las prácticas también pueden tener que cambiar. Nos tenemos que amoldar», admite, aunque advierte de que el tipo de uva no se puede modificar sin alterar la identidad de la denominación. Mientras tanto, el sector afronta un futuro incierto en el que la continuidad de muchas explotaciones está en juego.