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El otoño encarecerá la luz, el gas, los carburantes y la cesta de la compra

El fin del verano traerá nuevos aumentos de precios: el gas ronda máximos desde 2023, la electricidad subirá hasta 113 euros/MWh y los carburantes están en sus niveles más altos del año. La cesta de la compra cuesta un 36% más que hace cinco años.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

El bolsillo no se va de vacaciones. Agosto está dejando facturas elevadas, carburantes en máximos del año y una cesta de la compra que sigue encareciéndose. La preocupación ahora se centra en lo que vendrá después del verano, cuando encender la calefacción, poner la lavadora o llenar el depósito del coche amenace con llevarse una parte mayor del presupuesto familiar.

El primer aviso llega del gas. Su precio se ha duplicado desde febrero y ronda ya los 60 euros por megavatio hora (MWh), máximos desde 2023. Mientras siga haciendo calor puede parecer un problema lejano, pero dejará de serlo en cuanto llegue el frío. Y no solo afecta a quienes utilizan gas en casa: también se emplea para producir electricidad, de modo que su encarecimiento termina trasladándose al mercado eléctrico.

Ya partimos de un verano costoso. En agosto, la electricidad ronda los 100 euros/MWh, un 17,3% más que hace un año. Para el otoño, las previsiones apuntan a precios próximos a los 113 euros/MWh. La subida puede notarse especialmente entre los ocho millones de consumidores acogidos a la tarifa regulada, más expuestos a las variaciones del mercado.

Y si salimos de casa, tampoco encontramos demasiado alivio. Gasolina y diésel están estos días en sus precios más altos del año. La gasolina de 95 ronda los 1,71 euros por litro y el diésel, los 1,84 euros. Además, con el barril de Brent por encima de los 90 euros, de momento no se espera una bajada importante.

Después está ese gasto que hacemos prácticamente sin darnos cuenta, visita a visita: el supermercado. La cesta de la compra volvió a subir un 0,5% en julio y hemos ido adaptando nuestra forma de comprar. Ahora entramos más veces al supermercado, elegimos establecimientos cercanos y hacemos compras más pequeñas. Y mejor con lista: lo necesario a la cesta, aunque ese capricho de última hora siga siendo difícil de esquivar.

Los números explican por qué. En cada visita nos llevamos de media unos seis kilos de alimentos, 200 gramos menos que hace un año, pero gastamos prácticamente lo mismo: alrededor de 20 euros. El recorte se nota especialmente en productos que tradicionalmente ocupaban un lugar importante en nuestros menús. La mitad de los consumidores asegura que compra menos carne y pescado que antes. El pescado, además, se ha encarecido más de un 2,5% solo en el último mes.

Hay un dato que permite medir cuánto ha cambiado nuestra compra cotidiana: llenar la cesta cuesta hoy alrededor de un 36% más que hace cinco años. Por eso hacemos cuentas, comparamos más, compramos menos cantidad y visitamos más veces el supermercado. Pequeños cambios con un mismo objetivo: conseguir que el presupuesto llegue hasta final de mes. Y con el otoño a la vuelta de la esquina, cuadrar esas cuentas puede ser todavía más difícil.