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Sánchez cierra la legislatura como azote de Trump y Netanyahu pero aislado en la UE por inmigración y Gaza

El presidente del Gobierno anticipa las elecciones al 29 de noviembre con un balance internacional de confrontación con Trump, Netanyahu y Milei, pero con una posición debilitada en la UE por su postura en migración, Gaza y gasto en defensa.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Pedro Sánchez ha dado por terminada la legislatura y ha anticipado las elecciones generales al 29 de noviembre con la vivienda como tema central, tras la caída de dos decretos sobre la materia en el Congreso. El presidente del Gobierno llega a las urnas sin haber aprobado unos Presupuestos, con casos de corrupción a su alrededor y con la crisis en Ceuta como telón de fondo. Pero su balance internacional es el de un líder que se ha erigido en azote de Donald Trump, Benjamin Netanyahu y Javier Milei, aunque su papel en la Unión Europea ha quedado desdibujado por su incapacidad para encajar en asuntos clave como el gasto en defensa, la migración, la situación en Gaza o las cumbres de apoyo a Ucrania.

La posición de Sánchez a nivel global es tensa. Se ha presentado como el principal baluarte europeo en la defensa de Palestina, lo que le ha valido un choque frontal con Israel. España ha adoptado medidas diplomáticas de protesta en el contexto de la guerra de Gaza, incluida la llamada a consultas de su embajadora y, posteriormente, la ausencia de un embajador residente en Tel Aviv. Con Donald Trump, los enfrentamientos han sido numerosos desde su vuelta al poder: por el gasto en defensa, por los aranceles y también por Gaza. Lo que Sánchez denomina «la internacional reaccionaria» incluye igualmente a Javier Milei, con quien las tensiones llevaron a la retirada de la embajadora española en Buenos Aires en mayo de 2024, después de las declaraciones del presidente argentino sobre el Gobierno español y la esposa de Sánchez. Las relaciones se normalizaron posteriormente con el nombramiento de un nuevo embajador.

En el ámbito europeo, varias voces apuntan a que Sánchez ha perdido aura. España ha sido el país que más ha defendido la causa palestina, pero no ha logrado sumar al resto de grandes socios para que la UE suspendiera su acuerdo de asociación con Israel. Además, el Gobierno es el único de los 27 que se opone abiertamente al pacto migratorio, aunque tendrá que aplicarlo en la crisis de Ceuta. Esa postura le ha enfrentado a Giorgia Meloni, que sí ha convencido con sus políticas de control fronterizo. Sánchez también se ha quedado fuera de la mayoría de los grandes foros de apoyo a Ucrania y se ha desmarcado abiertamente de los planes de la OTAN en gasto militar, hasta el punto de que en la Alianza no ven realistas los cálculos de Moncloa para cumplir con la cuota española sin llegar al 5% del PIB en inversión en defensa.

La profesora de la Universidad Complutense de Madrid Ruth Ferrero señala que Sánchez convoca las elecciones «en un momento de mayor debilidad internacional que en otras ocasiones ante el retroceso de todas las fuerzas progresistas internacionales». Brasil, con la derrota de Lula da Silva en primera vuelta frente a Flavio Bolsonaro, es el último ejemplo de esa dinámica. Para Ferrero, el diagnóstico es claro: «Tiene una relación muy deteriorada con la Administración Trump, especialmente por la defensa y el rol de la OTAN, y está más alejado del giro securitario dominante en Europa». La clave, añade, será ver «si consigue convertir esta debilidad en un activo político que le permita presentar a España como un país con voz propia, especialmente en Gaza, defensa, migración y multilateralismo».

Esa estrategia, sin embargo, también puede volverse en su contra. La vulnerabilidad de Sánchez en este terreno es que Alberto Núñez Feijóo «puede presentar esa autonomía como aislamiento y pérdida de influencia internacional». Ferrero cree que Sánchez puede tornar su «soledad» en baza electoral, sobre todo en lo que respecta al «antitrumpismo», para movilizar al electorado progresista. Trump tiene una valoración muy negativa en España y los enfrentamientos de Sánchez con él —Gaza, Irán o gasto militar— han tenido respaldo significativo entre los votantes de izquierda. «Sánchez puede intentar presentarse como uno de los pocos líderes europeos dispuestos a confrontar abiertamente con Trump y Netanyahu, convirtiendo una cierta soledad internacional en liderazgo político. El PP, previsiblemente, tratará de invertir ese marco y presentarlo como aislamiento y deterioro de las alianzas», insiste la profesora.

No obstante, Ferrero matiza el aislamiento europeo de Sánchez. «En migración España está más sola porque va contra la corriente europea que apuesta por una mayor securitización y control», esgrime. En cambio, sobre Gaza considera que «ha estado más bien por delante de una corriente europea que después se ha ido desplazando parcialmente hacia sus posiciones», aunque sin lograr grandes consensos. En el caso de Ucrania, el elemento geográfico es fundamental, de ahí que España no tenga un peso tan relevante como los países bálticos o nórdicos. Con este panorama, Sánchez afronta las urnas del 29 de noviembre con la vivienda como eje central y con un balance internacional marcado por la confrontación con Trump y Netanyahu, pero también por una posición debilitada en el concierto europeo.

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