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Los viajeros heridos por el choque de trenes en Toledo llegan a Sevilla tras más de doce horas

Un centenar de viajeros de los dos trenes que colisionaron entre Los Yébenes y Urda llegaron a Sevilla con horas de retraso. Algunos pasajeros reclamaron la dimisión del ministro de Transportes.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Más de doce horas después del accidente, y con diez de retraso sobre la hora prevista de llegada, unos cien viajeros de los dos trenes que colisionaron este miércoles entre las localidades toledanas de Los Yébenes y Urda desembarcaron en Sevilla. Dos autocares, fletados por Iryo y Renfe, trasladaron a algunos heridos leves y a pasajeros ilesos de entre los más de 500 que viajaban en los dos convoyes, que habían salido de Madrid entre las 7:56 y las 8:00.

El choque constituye el segundo accidente grave en la alta velocidad española, superando en víctimas al de Adamuz, ocurrido el pasado 18 de enero. Según la información recogida, el accidente de Urda se produjo a las 8:48 horas, cuando un tren AVE impactó contra un Iryo que estaba detenido en la vía. Ese segundo siniestro en menos de un año ha reabierto el debate sobre la seguridad ferroviaria en el país.

Uno de los primeros afectados en bajar del autobús fletado por Renfe, Fernando, expresó su indignación: «Es increíble que hayan convertido un transporte estupendo en algo así». Mientras abandonaba la estación de Santa Justa, reclamó la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente. En ese autobús viajaban pasajeros del tren de la operadora pública, que chocó con el Iryo que se encontraba parado delante de su convoy.

Otros viajeros no sufrieron el impacto de forma directa, pero sí sus consecuencias. Es el caso de María y su marido, que salieron de Sevilla en uno de los primeros trenes de la mañana con destino a Madrid. «Hemos estado cinco horas en el vagón», explicó al bajar del autocar. Permanecieron atrapados cerca del lugar del siniestro y fueron trasladados a los pabellones de una de las localidades próximas. «Se han portado muy bien con nosotros», relató la mujer, que señaló que su marido, que caminaba con muleta, tuvo más dificultades para bajar del tren.

En la estación sevillana, un matrimonio que esperaba a su hijo se acercó al primer autobús sin éxito, porque su hijo viajaba en el segundo. «Está deseando llegar para abrazar a sus hijos», dijo el abuelo, que añadió que «lo importante es que dentro de la tragedia estamos bien». Casi ninguno de los viajeros de ese autocar presentaba heridas o vendajes, salvo una joven extranjera que fue atendida en la sala club de Santa Justa, donde se ha atendido durante todo el día a los familiares de los afectados.

El segundo autobús, en el que iban los pasajeros del Iryo accidentado, aparcó junto a la parada de taxis, frente a la puerta principal de la estación, inaugurada en 1992 con la entrada en funcionamiento de la primera línea de alta velocidad en España. Psicólogos que han atendido a familiares durante la jornada se acercaron también a hablar con algunos pasajeros, mientras la Policía Nacional separaba a la prensa de las víctimas. Entre los viajeros había muchos turistas; una pareja de filipinos con residencia en Dubái explicó que Sevilla era la última etapa de un viaje por Europa iniciado el pasado día 22. «La ayuda ha sido buena, pero estábamos en shock», afirmaron.

La jornada ha sido especialmente dura para Iryo, una compañía que apenas lleva un lustro operando y que se enfrenta a su segundo episodio trágico en poco tiempo. La concatenación de accidentes con al menos 114 víctimas en menos de un año deja a la alta velocidad española ante una exigencia de explicaciones sobre sus protocolos de seguridad.

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