El candidato de ERC a las elecciones generales del 29 de noviembre, Gabriel Rufián, ha defendido la continuidad de un Gobierno del PSOE tras los comicios, aunque «controlado y sometido» por las formaciones situadas a su izquierda. Lo ha hecho durante su entrevista en el programa La Revuelta, donde compareció junto a la candidata de Podemos, Irene Montero, que reivindicó el «voto útil» para impulsar políticas progresistas.
Según explicó Rufián al presentador David Broncano, quiere que gobierne el PSOE, pero bajo la presión de partidos como Podemos, Esquerra Republicana, Bildu, BNG, Compromís o Frente Amplio. «Yo quiero que le vaya bien al PSOE, pero yo no trabajo para el PSOE», afirmó. Su objetivo, dijo, es que las fuerzas de izquierdas puedan condicionar las decisiones del Ejecutivo.
La entrevista es la primera conjunta de ambos dirigentes desde que sus formaciones alcanzaran un acuerdo para concurrir en las mismas listas en las circunscripciones catalanas. Rufián lamentó que no haya sido posible un pacto con todas las izquierdas para presentarse juntas. «Nos hubiera gustado que hubiera sido diferente, que hubiera sido mucho más simple, pero es que no hemos sido capaces», reconoció.
Ambos admitieron que las negociaciones para una candidatura conjunta de la izquierda a la izquierda del PSOE fracasaron. Rufián atribuyó parte de la dificultad al adelanto electoral: «Se intentó, nos pilló como nos pilló porque el PSOE convocó cuando convocó». Montero aseguró que Podemos también buscó un entendimiento e incluso propuso primarias, pero que las diferencias políticas con Sumar y su relación con el PSOE impidieron cerrar un acuerdo.
La candidata de Podemos criticó la cercanía de Sumar a los socialistas y su «incapacidad para arrancar algo en esta legislatura». En su opinión, la izquierda debe mantener un proyecto diferenciado del PSOE para impulsar medidas más ambiciosas: «Si quieres medidas de izquierdas tienes que tener una izquierda».
Pese a las diferencias, Rufián instó a las fuerzas progresistas a dejar atrás sus enfrentamientos ante la posibilidad de un Gobierno de PP y Vox. «Tenemos que intentar sumar», indicó. El republicano advirtió de las consecuencias de una mayoría parlamentaria de la derecha y expresó su preocupación por el futuro de las pensiones, la sanidad y la educación públicas. Alertó de que ambas formaciones podrían superar los 210 diputados y modificar la Constitución, poniendo en riesgo los servicios públicos.
La vivienda ocupó buena parte de la conversación. Rufián recordó que ya advirtió al Ejecutivo hace un año de las consecuencias políticas de la crisis habitacional: «La vivienda va a arrasar este Gobierno». Defendió endurecer la fiscalidad sobre quienes acumulan propiedades para especular. Montero propuso reducir los alquileres un 40 %, prohibir la especulación inmobiliaria y limitar la compra de viviendas a quienes vayan a habitarlas. Ambos resumieron su propuesta con la frase «una familia, una casa» y plantearon expropiar el uso de viviendas de fondos buitre para destinarlas al alquiler social a precios justos.
Montero añadió que estas medidas deben acompañarse de una subida del salario mínimo hasta los 1.800 euros y de una reducción de la jornada laboral a 30 horas semanales. También se mostró a favor de expropiar empresas estratégicas y cuestionó que se obtengan beneficios de bienes esenciales como la energía, la alimentación o la vivienda. «El PSOE jamás se va a atrever a expropiar o a nacionalizar. Nosotros, sí», aseguró.
Rufián consideró insuficientes los avances logrados mientras persista la crisis habitacional: «Nada de lo que se ha hecho sirve si la gente sigue viviendo en zulos a precio de palacio». Montero coincidió en que las fuerzas progresistas no han sabido responder a los problemas actuales: «Nos hemos quedado cortas», admitió, al señalar que todo resulta insuficiente ante el encarecimiento de la vivienda, los alimentos y la energía.