El otoño trae consigo una revisión del armario y, esta temporada, las «it girls» han decidido rescatar tendencias que parecían enterradas en el pasado. Prendas con historia, texturas ricas y siluetas que evocan otras décadas vuelven a protagonizar los looks de las prescriptoras de estilo más influyentes. No se trata de una simple nostalgia: es una declaración de intenciones sobre cómo entender la moda actual, donde lo vintage y lo contemporáneo conviven sin fricción.
Entre las propuestas que regresan con fuerza destaca el encaje victoriano, una estética romántica que se aleja de la dulzura empalagosa para apostar por la sofisticación. Las blusas de cuello alto con detalles de encaje, los guantes largos y las faldas de varias capas se combinan ahora con botas gruesas o cazadoras de piel, creando un contraste que las expertas definen como «romanticismo con actitud». Esta tendencia, que dominó las pasarelas a principios de la década de 2010, vuelve adaptada a un público que busca piezas versátiles y con personalidad.
Otra de las grandes olvidadas que regresa es el cuero en tonos marrones y cognac. Durante años, el negro fue el color dominante en las prendas de piel, pero las «it girls» han decidido cambiar el guion. Chaquetas, pantalones y faldas de cuero en tonos tierra se convierten en el centro de looks que apuestan por la calidez cromática. Esta elección no solo aporta un punto diferencial, sino que también facilita la combinación con otras piezas del armario, desde jerséis de punto hasta camisas blancas básicas.
El estampado de leopardo, que nunca desapareció del todo pero sí perdió protagonismo, vuelve a ocupar un lugar central. La diferencia respecto a otras temporadas es la forma de llevarlo: ya no se trata de un único accesorio discreto, sino de prendas de gran tamaño como abrigos o vestidos midi. Las prescriptoras de estilo lo combinan con tejidos neutros como el lino o el algodón orgánico para evitar que el conjunto resulte recargado. El resultado es un equilibrio entre audacia y elegancia que funciona tanto para el día como para la noche.
Las faldas largas hasta el tobillo, una silueta que dominó los años setenta y que resurgió a finales de los noventa, también regresan con fuerza. Esta prenda, que muchas consideraban reservada para ocasiones especiales, se incorpora ahora al vestuario diario. Las versiones en tejidos fluidos como la seda o el satén se combinan con zapatillas deportivas o sandalias planas, mientras que las de punto grueso se reservan para los días más fríos. La clave está en la versatilidad: una misma falda puede funcionar para una reunión de trabajo o para una cena informal según los complementos elegidos.
Por último, los jerséis de cuello vuelto en colores vivos, especialmente en tonos rojos y burdeos, se posicionan como la prenda imprescindible de la temporada. Esta pieza, que durante años quedó relegada a un segundo plano frente a los cuellos redondos o en pico, recupera su lugar gracias a su capacidad para estructurar cualquier look. Las «it girls» lo llevan tanto con vaqueros de corte recto como con faldas midi o pantalones sastre, demostrando que una prenda clásica puede reinventarse sin perder su esencia.
La vuelta de estas tendencias no responde a una única razón, sino a una combinación de factores. Por un lado, la industria de la moda atraviesa un momento de revisión de sus archivos, buscando en décadas pasadas referencias que conecten con un público cansado de lo efímero. Por otro, las consumidoras demandan prendas con historia y durabilidad, en línea con un consumo más consciente. Rescatar piezas del pasado no solo es una cuestión estética, sino también una forma de alargar la vida de la ropa y reducir el impacto medioambiental del sector.
Las prescriptoras de estilo, con su capacidad para detectar aquello que funciona antes de que llegue a las tiendas, han sido las encargadas de poner estas tendencias en el radar. Sus propuestas, que combinan referencias históricas con un enfoque contemporáneo, ofrecen un mapa claro para quienes quieran renovar su armario sin caer en lo previsible. La temporada de otoño se presenta así como una oportunidad para experimentar con prendas que, aunque parecían olvidadas, tienen mucho que decir.