La cuarta entrega de la temporada de Great British Bake Off ha vuelto a poner el pan de ajo en el centro de todas las conversaciones. Tras la novedad de la Semana de Elección del Público, el programa recuperó una de sus citas clásicas con la Semana del Pan, y lo hizo arrancando con un reto estrella dedicado íntegramente al pan de ajo. Los concursantes presentaron desde bollos estilo Chelsea con mucho ajo hasta panes trenzados, pasando por rollos para compartir y una creación que llegó a emplear doce cabezas de ajo. El resultado, según los propios jueces, fue un espectáculo aromático difícil de olvidar.
La prueba técnica que siguió resultó mucho más complicada y la mayoría de los aspirantes no logró un resultado comestible. Después llegó un reto final de temática festiva que recorrió el calendario completo, desde stollens navideños hasta bollos de cruz calientes de Pascua, e incluso un horneado inspirado en el solsticio de verano con un mayo de pan incluido. A pesar de la variedad, fue el pan de ajo lo que realmente se quedó grabado en la memoria de los espectadores y de los propios jueces.
La fiebre por este clásico no es nueva. Existen múltiples versiones que van desde una baguette de ajo confitado con queso hasta bolas de masa rellenas de mozzarella, pasando por un pan de cheddar y harissa para compartir. Los hay que llevan el concepto al extremo con unos nachos de pan de ajo, y quienes lo convierten en protagonista absoluto de una cena con un sándwich de steak sobre pan de ajo. Sin embargo, para capturar de verdad el espíritu del programa, la propuesta es elaborarlo desde cero.
La receta que mejor encarna ese desafío es la de unos rollos de queso y ajo para compartir, pincelados con abundante mantequilla de ajo y cubiertos con una doble capa de mozzarella y cheddar fundidos. Se trata de un proyecto de repostería muy gratificante para un fin de semana, ideal para alimentar a una multitud y perfecto para acompañar sopas, guisos y estofados. En palabras de los propios responsables de la receta, son candidatos claros a un apretón de manos, el gesto más codiciado del programa.
La preparación comienza calentando 280 mililitros de agua en un cazo hasta que esté tibia pero sin llegar a quemar. Se retira del fuego y se añaden 50 gramos de mantequilla. En un bol grande o en una amasadora se combinan 450 gramos de harina de fuerza, un sobre de siete gramos de levadura seca de acción rápida, una cucharadita de azúcar glas dorada y otra de sal. Se incorpora la mezcla de agua y mantequilla y se bate hasta obtener una masa suave. Después se amasa a mano durante diez minutos, o cinco en amasadora, hasta que la masa esté elástica y lisa.
La masa se traslada a un bol limpio engrasado, se cubre con film transparente también engrasado y se deja levar entre una hora y media y dos horas, hasta que doble su volumen. Mientras tanto, se engrasa una bandeja grande de horno y se espolvorea con dos cucharadas de polenta o sémola de maíz. Se desgasifica la masa y se van pellizcando porciones del tamaño de una nuez, que se enrollan en bolas y se colocan en la bandeja dejando un pequeño espacio entre ellas.
El horno se precalienta a 180 grados, o 160 con ventilador, equivalente al nivel cuatro de gas. La bandeja se cubre de nuevo con film engrasado y se deja fermentar entre treinta minutos y una hora, hasta que la masa haya doblado su tamaño y las bolas se toquen entre sí. En ese momento se mezcla la mantequilla restante con un diente de ajo rallado. Cuando los rollos estén listos, se pincelan las superficies con esa mantequilla de ajo y se reparten por encima cien gramos de mozzarella rallada y cincuenta gramos de cheddar.
El horneado final dura entre veinticinco y treinta minutos, hasta que las bolas de masa estén bien cocidas. Se dejan reposar cinco minutos antes de servir. El resultado es un pan tierno, aromático y con una capa de queso fundido que lo convierte en el acompañamiento ideal para cualquier comida compartida. La receta, además, admite variaciones sencillas: cambiar el tipo de queso, añadir hierbas frescas o incorporar un toque picante a la mantequilla. Cualquiera de ellas mantiene la esencia del reto que ha vuelto a encender la fiebre por amasar en casa.