Seis expertos en nutrición han revelado qué productos de supuesto valor sanitario nunca incluirían en su cesta de la compra, ya sea en tienda o en internet. Entre ellos figuran el agua de chía que promueven influencers en TikTok, los suplementos que prometen aumentar de forma natural el GLP-1 y las bebidas de electrolitos. En todos los casos, los especialistas coinciden en que la evidencia científica no respalda las promesas de marketing y que existen alternativas más económicas y eficaces.
La tendencia del agua de chía se ha vuelto viral en redes sociales, donde se afirma que reduce la hinchazón, quema grasa y ayuda a perder peso. Bini Suresh, dietista colegiada de la Asociación Británica de Dietética, sostiene que estas afirmaciones carecen de respaldo clínico. «Estas bebidas no queman grasa», explica. Aunque las semillas de chía contienen fibra, que puede contribuir a la sensación de saciedad, no hay pruebas convincentes de que beber agua de chía promueva por sí sola la pérdida de peso.
Suresh advierte además de que introducir grandes cantidades de fibra de forma repentina puede provocar hinchazón, gases y molestias abdominales, sobre todo en personas que no están acostumbradas a una dieta rica en fibra. Asimismo, recomienda tener cuidado al tragar semillas secas seguidas de agua, ya que se expanden y pueden suponer un riesgo de obstrucción esofágica o atragantamiento. Aunque es poco frecuente, el riesgo es especialmente relevante para personas con dificultades para tragar.
La alternativa que propone es incorporar las semillas de chía de forma habitual en las comidas, lo que resulta más económico que comprar bebidas preparadas o elaborarlas en casa. Según la especialista, son una fuente de proteína vegetal, contienen grasas omega-3 y minerales como el calcio y el magnesio. «Es fácil añadir una cucharada a las gachas de avena o a la avena de un día para otro», señala. Para quienes empiezan a consumirlas, recomienda comenzar con una cucharadita al día e ir aumentando poco a poco para que el sistema digestivo se adapte.
En cuanto a los suplementos que aseguran potenciar el GLP-1, la hormona que interviene en la sensación de saciedad, Lucy Jones, dietista y directora clínica de Oviva, aconseja no gastar dinero en ellos, teniendo en cuenta que cuestan entre 30 y 60 libras al mes. Jones explica que los medicamentos basados en GLP-1 están diseñados para durar mucho más que la hormona natural, que incluso potenciada solo actúa unos minutos. «No hay buenas pruebas de que estos suplementos eleven el GLP-1 lo suficiente como para influir en el apetito o en el peso», afirma.
Jones advierte, además, de que muchos de estos productos combinan ingredientes como el extracto de té verde y la berberina. El extracto de té verde concentrado se ha relacionado con casos de lesión hepática, sobre todo a dosis altas o tomado en ayunas. Los suplementos no se someten a los mismos controles que los medicamentos, por lo que las dosis pueden variar, y que un producto sea «natural» no significa que sea seguro. Las personas con problemas hepáticos o que toman medicación de forma habitual deberían extremar la precaución.
Para sentirse saciado, la dietista propone priorizar alimentos que ayuden a ello: proteína en cada comida, como huevos, yogur, pescado, tofu o lentejas; fibra, presente en la avena, las judías, los garbanzos y las lentejas, que son muy baratas y ralentizan la digestión; verduras en cada comida, pudiendo optar por las congeladas, igual de buenas y más económicas; aceite de oliva y frutos secos en porciones moderadas; y una taza de té verde preparado, que cuesta muy poco y no conlleva los mismos riesgos que los extractos concentrados. Recuerda también la importancia de beber suficientes líquidos a lo largo del día.
Respecto a las bebidas de electrolitos, la doctora Sammie Gill, dietista colegiada y científica senior en nutrición de la British Nutrition Foundation, señala que para la gran mayoría de personas no aportan beneficios. «Consumirlas cuando no se necesitan significa ingerir electrolitos extra que el cuerpo no requiere, y es más probable superar los límites diarios de sal», explica. La mayoría ya obtiene suficiente sal de la dieta. Además, pueden ser perjudiciales si se toman en exceso o sin necesidad, especialmente en personas con insuficiencia cardíaca o trastornos renales.
Gill matiza que sí pueden resultar útiles en situaciones concretas, como el ejercicio intenso o prolongado durante más de una hora, sobre todo con calor o con sudoración abundante, o en profesiones como la de bomberos o militares. También son importantes tras episodios de vómitos y diarrea o en personas con una ostomía de alto débito. En el resto de casos, la especialista recuerda que muchos alimentos son ricos en electrolitos, entre ellos los de origen vegetal y los lácteos. «La leche de vaca es una fuente natural rica en sodio, potasio, calcio y magnesio, y además es una opción menos cara», concluye.