La central hidroeléctrica de bombeo de La Muela, situada en el interior de la provincia de Valencia, se ha consolidado como la instalación de su tipo más grande de Europa por potencia instalada. Con más de 1.800 megavatios (MW), representa más de la mitad de los 3.427 MW de potencia de bombeo disponibles actualmente en España. Su función principal es almacenar electricidad renovable durante casi un día completo, hasta 20 horas, mediante el trasvase de agua entre dos embalses situados a distinta altura.
El mecanismo es similar al castigo de Sísifo, pero con agua en lugar de una piedra. Cuando la electricidad es barata, generalmente en horas de alta producción solar o eólica, la central bombea agua desde el embalse de Cortes hasta un depósito artificial en la cima de la montaña, salvando un desnivel de 500 metros. Cuando la demanda aumenta y las renovables escasean, el agua desciende y genera electricidad mediante turbinas hidráulicas. Cada uno de sus siete grupos necesita unos 200 MW para bombear, y pueden mover hasta 20 hectómetros cúbicos de agua en cada ciclo, lo que permite almacenar 24.000 MWh, equivalentes a entre 16 y 20 horas de consumo.
La instalación, propiedad de Iberdrola, comenzó a operar en 1988 con La Muela I, compuesta por tres grupos de turbina-bombeo. En 2015 se añadió La Muela II, con otros cuatro grupos y una tubería que discurre íntegramente por el interior de la montaña, en un diseño conocido como «caverna». Esta ampliación permitió alcanzar la potencia actual y mejorar la eficiencia del sistema. La central es capaz de alimentar la demanda eléctrica anual de casi 600.000 hogares y, en un día laborable soleado de septiembre, puede reducir hasta un 12% el consumo de gas en la generación eléctrica.
El almacenamiento hidroeléctrico por bombeo se reivindica ahora como una solución clave para evitar que los megavatios producidos con eólica y fotovoltaica se pierdan por falta de consumo inmediato. Frente a las baterías, que pueden almacenar electricidad durante dos o cuatro horas, el bombeo hidráulico ofrece una capacidad de almacenamiento mucho mayor, de casi un día completo. Esto permite aprovechar la energía renovable barata y reducir la dependencia de tecnologías más caras, como el gas, en los momentos de mayor demanda.
La central opera de forma casi imperceptible desde el exterior. La única pista visible es la tubería de seis metros de diámetro que desciende por la montaña con una inclinación de 45 grados. En el interior, los pasillos comunican salas de unos 100 metros de longitud donde se encuentran los grupos de turbina-bomba, que giran a 600 revoluciones por minuto. La temperatura desciende entre 10 y 15 grados, y el espacio es tan amplio que, según dicen, cabría el campo de juego del estadio Santiago Bernabéu. Los trabajadores distinguen el sentido de giro de las máquinas por el sonido que emiten, sin necesidad de mirar el reloj.
En un contexto de transición energética, La Muela se posiciona como una infraestructura estratégica para integrar más renovables en el sistema eléctrico español. Su capacidad para almacenar energía durante casi un día permite gestionar mejor la intermitencia de la solar y la eólica, garantizando el suministro y moderando los precios. Además, su diseño permite bombear agua cuando la electricidad es barata y generarla cuando es cara, optimizando así los recursos y reduciendo la huella de carbono del sistema.