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Un experto en movimientos sísmicos advierte de que un gran terremoto en España es «casi inevitable»

El catedrático Amadeo Benavent alerta del largo «silencio sísmico» de 140 años en la Península y avisa de que la normativa sismorresistente está «completamente obsoleta» ante un posible seísmo de magnitud 7 en Granada.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

El catedrático de Estructuras de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y experto en movimientos sísmicos Amadeo Benavent ha lanzado una advertencia sobre el riesgo de que España sufra un gran terremoto en las próximas décadas. Tras los seísmos que han sacudido Granada en los últimos días, el investigador sostiene que la Península acumula un periodo de «silencio sísmico» de unos 140 años y que la ocurrencia de un movimiento de gran intensidad es «casi inevitable», aunque reconoce que es imposible precisar cuándo llegará.

Benavent basa su análisis en las series históricas, que indican que en la Península se han producido terremotos muy intensos y destructivos «del orden de dos por siglo». El último gran precedente en Granada se remonta a 1884, cuando un terremoto de magnitud estimada 6,5 sacudió Arenas del Rey, causó más de 800 fallecidos, destruyó 4.400 edificios y dañó gravemente otros 13.000. Desde entonces, no se ha registrado en España un seísmo «realmente fuerte», un lapso que contrasta con la frecuencia histórica. «Hace 140 años que no se produce un terremoto realmente fuerte», insiste el experto, que añade que el siguiente podría llegar «pronto» o tardar «décadas».

La preocupación del catedrático se dirige especialmente a Granada, una de las zonas de mayor actividad sísmica del país. «En la zona de Granada ha habido históricamente terremotos y se esperan terremotos del orden de 7 de magnitud», afirma. Un movimiento de esas características liberaría una energía muy superior a la de los seísmos recientes. Benavent recuerda que la escala de magnitud no es lineal: cada grado supone multiplicar aproximadamente por 30 la energía liberada. Así, un terremoto de magnitud 7 introduciría «900 veces más energía» que uno cercano a 5, como el de 4,8 registrado estos días.

Ante un escenario de esa magnitud, el experto advierte de que «el panorama en Granada puede ser muy preocupante». A su juicio, los edificios «no están suficientemente preparados para el nivel de peligrosidad sísmica que tiene España», debido, entre otros factores, a una normativa sismorresistente que considera «completamente obsoleta». La falta de preparación de las estructuras agravaría los efectos de un seísmo de gran intensidad en una zona con alta densidad de población y patrimonio construido antiguo.

No obstante, Benavent reconoce los límites de cualquier estimación. La sismología y la ingeniería sísmica han avanzado enormemente en las últimas décadas, pero «hoy por hoy, es imposible predecir cuándo se va a producir un movimiento sísmico fuerte y dónde». Las series históricas permiten conocer el pasado y estimar la peligrosidad de una zona, pero no poner fecha al siguiente terremoto. La sismología trabaja, en cambio, con probabilidades estadísticas.

En esa línea, el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) recordaba en 2023 que los terremotos son «eventos aleatorios en el tiempo» y que «no hay una metodología científicamente válida para predecir la fecha y el lugar» de un seísmo destructivo. A partir del catálogo sísmico de España de los últimos mil años, con al menos 27 terremotos de intensidad VII o superior, el organismo calculó en un 74% la probabilidad de que ocurra un episodio de esa intensidad en la España peninsular en los próximos 50 años y en un 92% en los próximos 100.

Carlos González, de la Red Sísmica Nacional del Instituto Geográfico Nacional (IGN), introduce matices sobre la magnitud esperable. Aunque considera posible un terremoto cercano a magnitud 7, señala que, con las fallas conocidas en la Península, no se esperan seísmos de magnitudes mucho mayores. «Muchísimo más, de 7 y pico, en principio no. No se espera», explica, aunque deja abierta esa posibilidad: «Que no se espere no significa que sea imposible». González recuerda además que «donde ha habido un terremoto, volverá a haber un terremoto», pero insiste en que «predecir no se puede».

La magnitud, por otro lado, no determina por sí sola los efectos de un terremoto. González pone como ejemplo el seísmo de Dúrcal, que alcanzó una magnitud de 7,8 pero se produjo a unos 650 kilómetros de profundidad, por lo que sus efectos en superficie fueron mucho menores. «Al estar tan profundo, la intensidad es menor porque se va atenuando con la distancia», explica. La idea de que los grandes terremotos puedan repetirse cada cien años también ha sido cuestionada por los geólogos: durante la serie sísmica de Granada de 2021, el entonces presidente del Colegio Oficial de Geólogos, Manuel Regueiro, rechazó que pueda hablarse de una «recurrencia de 100 años», ya que la acumulación de energía es muy variable y depende, entre otros factores, del avance de la placa africana.