Los jóvenes marroquíes que llegan a Ceuta están construyendo una imagen de España radicalmente distinta a la que realmente encuentran, y esa imagen falsa se difunde a través de las redes sociales hasta convertirse en el principal motor de nuevas migraciones. Así lo revela una investigación de la Universidad Pablo de Olavide que analiza cómo Instagram y Facebook se han convertido en la única ventana informativa sobre el país vecino para una generación que ya no consume televisión ni radio.
El caso de Ayman, de 19 años, ilustra el fenómeno con crudeza. Cruzó a Ceuta el pasado 29 de julio y casi dos meses después sigue durmiendo en una tienda de campaña en El Trampolín, compartida con otras tres personas, sin haber podido acceder al nuevo campamento del Muelle de Poniente. Sin embargo, en su perfil de Instagram no hay ni rastro de esa realidad. «En Marruecos estaba sin rumbo», explica sobre su decisión de cruzar, un paso que presenta como un cambio de vida. Lo que no dice, ni en persona ni en redes, es que ese cambio se parece mucho, de momento, a la intemperie.
«¿Quién publica las cosas malas que le pasan en Instagram?», se pregunta María Guevara Perea, investigadora de la Universidad Pablo de Olavide que lleva más de seis años estudiando el papel de las redes sociales en el imaginario que los jóvenes marroquíes se hacen de España antes de emigrar. Su trabajo, desarrollado junto al catedrático José Candón Mena, de la Universidad de Sevilla, identifica dos conceptos que se retroalimentan: el sesgo narcisista de las plataformas, que empuja a mostrar una versión mejorada de uno mismo, y el «mito del migrante triunfador», la presión social y familiar para presentar el proceso migratorio como un éxito independientemente de cómo se viva en realidad.
La dimensión del fenómeno es masiva. El 99,3% de los marroquíes de entre 16 y 64 años tiene un teléfono inteligente y casi ocho de cada diez usa Instagram, según los datos que maneja Guevara. Una tasa de digitalización casi idéntica a la de cualquier país europeo, pese a que en el mismo país el 10% de la población no tiene acceso a agua potable y el 7,3% vive con menos de 3,20 dólares al día. «Al final, las redes sociales digitales son la única vía de información que tiene la juventud marroquí sobre España. Hace un par de décadas se hacían el imaginario a través de la televisión. A día de hoy, los jóvenes ni ven la tele ni escuchan la radio», explica la investigadora.
El círculo se cierra con una lógica perversa. La imagen falsa impulsa a migrar, la migración decepciona y el decepcionado, para no fallar a los suyos, termina publicando la misma imagen falsa que a él le engañó. Yousef, de 27 años, cruzó el día 30 y ahora vive en el piso de un conocido en el barrio de Los Rosales. Recuerda que en 2021 todos sus amigos cruzaron a España y que verlos después en las redes, siempre sonriendo, siempre bien, fue parte de lo que le convenció de que él también debía intentarlo.
La presión familiar añade una capa adicional de complejidad. «El joven es tan consciente de que su familia ha hecho tanto esfuerzo que no quiere preocuparlos», señala Guevara. La mayoría de los marroquíes cruzan en patera, un viaje que cuesta en torno a 9.000 euros, el ahorro de varias generaciones. «Hasta que no puedan comprar un coche, comprarle un móvil a su madre, un reloj a su padre, no quieren volver a Marruecos, aunque tengan permiso de residencia en España. Las familias pueden ser el hazmerreír de su barrio», detalla la investigadora.
Los testimonios recogidos en las catorce entrevistas del estudio confirman ese mecanismo con nombres propios. Hamza E.K. recuerda el efecto que tuvieron sobre él las fotos de sus vecinos ya instalados: «Los chavales del barrio hablaban de lo bueno que era España y veíamos fotos muy buenas en el móvil, en Instagram, en Facebook. Yo las veía y decía “ostras, qué guapo”». Ali A. menciona incluso un detalle concreto de ese postureo: el primer zapato que se ponían eran unas Nike de 200 euros y un chándal de marca. Casi todos los jóvenes entrevistados reconocen haber pasado por momentos muy duros al llegar, pero ninguno los sube a Instagram.