El cineasta alemán Werner Herzog, una de las figuras más influyentes del cine contemporáneo, ha recibido este viernes el Premio Donostia en el marco del Festival de San Sebastián, que se celebra hasta el próximo 26 de septiembre. El galardón reconoce una carrera de seis décadas y cerca de ochenta títulos entre ficción y documental. Durante su intervención ante los medios, Herzog ha lanzado un mensaje directo a los jóvenes: «No viváis una vida dictada por algoritmos. Mantener vuestra atención mientras caváis un agujero en el suelo u os construís una pequeña casita en un árbol».
El director, autor de obras fundamentales como Aguirre, la cólera de Dios (1972), Fitzcarraldo (1982), Grizzly Man (2005) y La cueva de los sueños olvidados (2010), ha presentado en el certamen donostiarra su última película, Bucking Fastard, protagonizada por las hermanas Rooney y Kate Mara, junto a Orlando Bloom y Domhnall Gleeson. El filme, que compitió en la última Mostra de Venecia, narra la historia de dos gemelas que actúan como una sola persona: hablan al unísono, se enamoran del mismo hombre y comparten los mismos sueños, mientras el mundo que las rodea las juzga a través de los tribunales, la prensa y personas que buscan aprovecharse de ellas.
Herzog ha aclarado que Bucking Fastard es «una ficción completamente inventada» y ha defendido que su narrativa se aleja de la habitual de Hollywood para acercarse a «lo poético». Sobre Orlando Bloom, se ha deshecho en elogios y ha relatado que, debido al poco tiempo de preproducción, se conocieron prácticamente en el set. El actor, por su parte, ha destacado que le encanta cómo el cineasta «renuncia por completo a juzgar a sus personajes y no ofrece respuestas fáciles».
El realizador ha insistido en rechazar la etiqueta de «obsesivo» que a menudo se le atribuye: «Estoy superrelajado. Si fuera un director obsesivo, todos se irían. Cuando estás obsesionado desaparecen el dinero y los equipos. Yo no lo estoy». Actualmente le quedan tres días para terminar de rodar su siguiente película y trabaja en dos libros a la vez, aunque niega ser un «adicto al trabajo»: «Yo también tengo mis días. No trabajo salvajemente, lo hago con fluidez». Entre medias, ha reivindicado llevar a cabo «cosas de la vida diaria como ir al banco o quedar con los amigos». Bloom ha coincidido con el alemán en la necesidad de «cocinar o llevar a tus hijos al colegio»: «No puedes hacer personajes si vives desconectado del mundo real».
En cuanto al impacto de la tecnología, Herzog ha señalado que «la cultura y el lenguaje nos conforman» y que «casi todo lo que hacemos ahora es performativo, está dictado por el contexto social». No considera que esto sea «malo», pero ha sido tajante en la necesidad de «defender nuestras almas de todos los ataques que nos vengan desde fuera e intenten ocuparlas». «En el momento en el que el mundo empieza a ocupar nuestra alma tenemos que ser muy vigilantes», ha sostenido, «y mucho cuidado con la IA, la cosa se va a poner muy difícil».
Respecto al Premio Donostia, que recibió anoche, ha reconocido que no le lleva a «mirar hacia atrás»: «No miro mucho hacia atrás ni pienso en cuántas películas he hecho. Estoy muy enfocado en lo que tengo que hacer ahora». Para el cineasta, el «único motivo» por el que este reconocimiento le lleva a pensar en su pasado es comprobar que forma parte de «un conjunto de grandes artistas, directores, actores» que fueron condecorados con el galardón antes que él.