Wireva

Un estudiante de 17 años crea unas gafas con IA para ciegos por 150 euros

Alexander Du, un joven de Pensilvania, ha desarrollado las gafas IRIS, un dispositivo de bajo coste que detecta obstáculos mediante una cartografía 3D en tiempo real, inspirado en su abuela invidente.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

Un estudiante estadounidense de 17 años, Alexander Du, ha desarrollado unas gafas con inteligencia artificial destinadas a personas ciegas o con deficiencia visual que cuestan unos 170 dólares, alrededor de 150 euros. Los dispositivos comerciales de características similares pueden costar cerca de 6.000 dólares, más de 5.000 euros. El proyecto, desarrollado en Pensilvania, se llama IRIS, siglas de Intelligent Adaptive Imaging System, y su creador asegura que puede reducir en un 80% las colisiones con obstáculos en comparación con el bastón blanco.

Las gafas construyen un mapa tridimensional del entorno en tiempo real y avisan al usuario mediante vibraciones. Según los datos facilitados, el sistema funciona sin conexión a internet ni servicios en la nube, y la localización GPS se gestiona a través de una aplicación complementaria. La cifra del 80% procede del propio proyecto y no de un ensayo independiente, un matiz que conviene tener presente al valorar el resultado. Du explica que el bastón no detecta objetos situados por encima de la altura de la rodilla, como ramas de árboles o toldos, y que sus gafas pretenden cubrir precisamente ese espacio.

Du ha sido uno de los quince ganadores del Premio Gloria Barron 2026, que concede 10.000 dólares a cada galardonado para que continúe su trabajo o sus estudios. El origen del proyecto es personal. La inspiración surgió de su abuela, que perdió la vista en la vejez, y que murió antes de que el dispositivo estuviera terminado, sin llegar a utilizarlo. Los primeros prototipos fallaron por soldaduras defectuosas y piezas que no respondían, un obstáculo técnico que el joven tuvo que superar antes de llegar a la versión actual.

El caso se enmarca en un problema global de gran dimensión. La Organización Mundial de la Salud calcula que al menos 2.200 millones de personas tienen algún grado de discapacidad visual, lo que sitúa el interés de una herramienta de bajo coste en un sector con una demanda sostenida de soluciones accesibles. En España, la ONCE contaba con 72.443 afiliados a diciembre de 2025.

La estructura de esos afiliados también ha cambiado con el tiempo. La proporción de personas totalmente ciegas entre los socios de la ONCE ha descendido del 22,3% registrado en 2005 al 12,8% actual, un dato que refleja la evolución de la población atendida por la organización. Son cifras que ayudan a entender por qué las tecnologías de movilidad y orientación siguen siendo objeto de atención, tanto para quienes dependen del bastón como para quienes buscan complementos que amplíen su autonomía en el día a día.

Aunque el dispositivo aún no cuenta con una validación independiente publicada, su precio y su funcionamento sin conexión a internet lo convierten en un proyecto que merece seguimiento. La combinación de un coste muy inferior al de los productos comerciales y una propuesta técnica centrada en los obstáculos elevados plantea una alternativa que, de confirmarse su eficacia, podría ampliar el acceso a este tipo de ayudas técnicas.