En Murtas, una localidad de la Alpujarra granadina cercana a la provincia de Almería, tres de cada cuatro votantes no han nacido en España ni viven en el pueblo. Según los datos recogidos sobre el terreno, el censo electoral cuenta con 332 vecinos con derecho a voto residentes, mientras que otros 1.067 electores censados nunca o casi nunca han pasado por sus calles. La paradoja se produce en un municipio que, pese a su vida tranquila, mantiene un padrón mucho más amplio que su población real.
La explicación se encuentra en la emigración masiva de mediados del siglo pasado. Miles de lugareños salieron de Murtas en las primeras décadas del siglo buscando mejores oportunidades en países como Argentina o Brasil, y sus descendientes conservan hoy la inscripción en el municipio. Murtas llegó a tener casi 4.000 habitantes a mediados del siglo pasado, una cifra muy lejana de la actual. Quienes aún viven allí describen el pueblo como una localidad que "se está muriendo poco a poco".
El contexto político añade un elemento de incertidumbre. El debate sobre la denominada Ley de Nietos, que permite la nacionalización de descendientes de españoles exiliados, ha llevado al Tribunal Supremo a paralizar el derecho a voto de cara a las elecciones del próximo 29 de noviembre de muchos nacionalizados que se habían acogido a esa norma. Murtas ilustra, según el reportaje, parte de ese fenómeno: un censo que crece por la diáspora mientras el pueblo se vacía.
Las dificultades de acceso también condicionan la vida cotidiana. Las carreteras de la Alpujarra son estrechas, escarpadas y llenas de curvas, y localidades cercanas como Lanjarón u Órgiva quedan a más de una hora en coche. Para hacer compras que van más allá de lo básico, muchos vecinos se desplazan a Adra o a El Ejido, en Almería, porque les resulta más práctico que acudir a otros municipios granadinos. María José, secretaria del Ayuntamiento, lo explica como parte de la realidad diaria del pueblo.
Pese a ese aislamiento, Murtas recibe algunos nuevos habitantes. En los últimos años se han instalado jubilados extranjeros, especialmente procedentes de países del centro de Europa. Su llegada introduce una pequeña variación en la historia de un municipio acostumbrado a perder población, aunque, como señalan los vecinos, la cuestión de fondo sigue siendo ofrecer condiciones para que también puedan quedarse quienes necesitan trabajar.
Ese es precisamente el problema que afecta a Cristina, animadora sociocultural cuyo contrato, financiado a través de un plan de empleo, termina el 13 de noviembre. Le gustaría continuar, pero no sabe si será posible: "Me gustaría quedarme, pero si no tengo contrato, me voy a otro lado a trabajar". Mientras tanto, intenta dar a conocer el municipio fuera de sus calles a través de TikTok, donde publica vídeos breves de los rincones del pueblo tras paseos que pueden durar horas, aunque hasta ahora no ha conseguido atraer a muchos turistas.
En el Registro Civil y en el único bar que queda en la localidad trabaja Inma, que atiende además las consultas de descendientes que viven en Argentina y Brasil y quieren reconstruir la historia de sus familias. Buscan partidas y documentos de padres, abuelos o bisabuelos que partieron de Murtas. La tarea no siempre es sencilla, porque algunos libros antiguos carecen de índices y hay que revisar las páginas una a una. Inma ha elaborado índices para algunos de esos volúmenes y ayuda a recomponer árboles genealógicos a partir de los documentos conservados en el municipio.