Este domingo 25 de octubre llega el cambio de hora de invierno, y los relojes deben atrasarse. A cambio de disfrutar de una hora más de sueño, anochecerá antes a partir de esa fecha. En la madrugada del sábado 24 al domingo 25, cuando sean las 3:00, los relojes marcarán de nuevo las 2:00, de modo que el minuto siguiente a las 2:59 será otra vez la 2:00.
El cambio no afecta solo a España, sino también a otros países de Europa y del resto del mundo. En el caso español, como en el conjunto de la Unión Europea, la normativa está guiada por la Comisión Europea, que establece que el horario de verano debe finalizar a la 01:00 UTC del último domingo de octubre. Este año, esa fecha corresponde al 25 de octubre. Como España se encuentra dos horas por delante de la referencia UTC, el fin del horario de verano se produce a las 3:00 de la madrugada. Este sistema coordinado permite a todos los países cambiar la hora bajo la misma referencia, sin tener en cuenta los husos horarios de cada uno.
No toda España está en el mismo huso horario. En las Islas Canarias, la referencia UTC se produce a las 2:00 de la mañana, de modo que a esa hora los relojes del archipiélago volverán a marcar la 1:00 de la madrugada del domingo. Tampoco la península, Baleares, Ceuta y Melilla utilizan la misma hora que Canarias: la península y las demás ciudades y archipiélagos citados utilizan UTC+1 en invierno y UTC+2 en verano, mientras que Canarias mantiene una hora menos.
El cambio es anual, pero el debate sobre si debe seguir realizándose sigue abierto. La posibilidad de acabar definitivamente con los cambios de hora lleva años sobre la mesa en las instituciones europeas, aunque la eliminación del horario de verano y de invierno todavía no se ha materializado. La propuesta planteada por la Comisión Europea para suprimir estos ajustes estacionales continúa sin ser adoptada.
En España, el BOE mantiene establecido el cambio de hora, de modo que los relojes seguirán modificándose dos veces al año mientras no se apruebe una nueva normativa europea que establezca lo contrario. Los dispositivos conectados a Internet, como ordenadores, teléfonos móviles, tabletas o asistentes virtuales, cambian la hora por sí mismos. Los relojes clásicos o analógicos, en cambio, deben ajustarse de forma manual.
El horario también tiene una historia particular en el país. Según explica el Instituto Geográfico Nacional, la longitud geográfica influye en los horarios solares: cuanto más al oeste se encuentra un lugar, más tarde salen y se ponen el Sol respecto a otros puntos situados al este. Por eso Galicia, situada en el extremo occidental peninsular, comparte la misma hora oficial que Cataluña o Baleares, y sus tardes pueden conservar luz cuando en otras zonas ya ha caído la noche. Esta diferencia es especialmente llamativa en verano.
El horario peninsular actual tiene su origen en 1940, cuando una orden del Gobierno de Franco adelantó los relojes sesenta minutos a las once de la noche del 16 de marzo. Aquel adelanto no se revirtió y dejó la hora oficial alineada con la de Europa central. La coincidencia con el horario alemán alimentó la versión de que el cambio buscaba complacer a Hitler, pero esa intención política no está acreditada. El astrónomo Pere Planesas, del Observatorio Astronómico Nacional, recuerda que la orden hablaba de acompasar el horario español con el de otros países europeos, y asegura que la interpretación de un gesto hacia el Gobierno nazi es un bulo.
Los cambios de verano e invierno tienen además un origen anterior. España los aplicó por primera vez en 1918 y los recuperó de manera continuada en 1974, con el objetivo de aprovechar mejor la luz natural y reducir el consumo energético.