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Camp Redó, el barrio más pobre de Palma, sigue sin inversión tras décadas de abandono

El barrio conocido como Corea, en la periferia de Palma, figura entre las zonas de menor renta de España mientras Baleares bate récords turísticos. Sus bloques de viviendas de los años cincuenta siguen sin rehabilitar y arrastran el estigma de la droga.

Este artículo se ha producido con ayuda de IA bajo la responsabilidad editorial de Haydamax OÜ.

El barrio de Camp Redó, conocido popularmente como Corea, arrastra décadas de deterioro urbanístico y abandono institucional en la periferia de Palma. Mientras Baleares bate récords turísticos, este rincón de la capital balear aparece como el más empobrecido de la ciudad y uno de los más castigados del archipiélago, según los datos del Atlas de Distribución de Renta de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2024.

Según ese atlas, en el corazón de Corea, entre las calles de l'Infant Pagà y Joan d'Àustria, se encuentra el único sector censal de Baleares situado entre el 3% de los de menor renta de toda España. El barrio constituye lo que la fuente describe como un desierto económico dentro del archipiélago: registra una elevada población en riesgo de exclusión social debido al alto coste de la vida y a los desorbitados precios de la vivienda. Sin embargo, la misma estadística refleja una paradoja, ya que en conjunto el área también aparece entre las rentas medias más elevadas del territorio estatal, lo que evidencia la desigualdad que conviven en Palma.

El contraste es notable. Baleares cuenta con sectores entre el 5% más enriquecido de España, como la urbanización de lujo de Roca Llisa, en Santa Eulària (Eivissa), con una renta media anual bruta de más de 90.000 euros, o el barrio de Cas Català, en Calvià (Mallorca), que supera esa cifra y se sitúa entre el 3% más rico del país. Palma tiene además buena parte de su área metropolitana teñida de azul en el mapa de renta, el color que representa las regiones con mayor riqueza, con excepciones en barrios periféricos como La Soledat, Son Gotleu y precisamente Camp Redó, donde se acentúa la marginación económica y social.

El origen de las viviendas se remonta al franquismo. El conjunto se levantó en la década de los cincuenta como parte de un plan de vivienda (1954-1955) de la Obra Sindical del Hogar, el organismo franquista encargado de facilitar casa a familias trabajadoras con dificultades. El arquitecto Antoni Roca Cabanellas fue el responsable de proyectar las edificaciones en unos terrenos entonces a las afueras de una Palma todavía por desarrollar, rodeados de campo. En total se construyeron 568 viviendas repartidas en 26 bloques de dos y tres dormitorios, con apenas 26 metros cuadrados por inmueble, bautizadas como ‘Generalísimo Franco’.

Camp Redó no fue la única zona que creció durante la dictadura. El anillo periférico de la capital balear se expandió en general con promociones de viviendas protegidas para responder al déficit habitacional provocado por la llegada de familias que migraron desde la Península para trabajar en el sector turístico. Después llegaron nuevas promociones en barrios como Son Gotleu, Son Roca y Son Ximelis, y en los sesenta y setenta también en Sa Indioteria. Sin embargo, las viviendas de Corea no han sido rehabilitadas a lo largo de los años.

La situación actual del parque es especialmente grave. Cuando las viviendas de protección oficial alcanzan los 75 años, como ocurre ahora en Camp Redó, los inmuebles ni siquiera cumplen los requisitos para obtener la cédula de habitabilidad. Así lo señala Eduard Vila, exdirector de Arquitectura y Vivienda del Govern balear, quien durante su cargo entre 2017 y 2019, en el primer mandato de Francina Armengol, intentó impulsar varias medidas para rehabilitar el barrio sin que estas llegaran a prosperar.

A la degradación física se suma el estigma. El nombre de Corea se fue consolidando paulatinamente, asociado a los guetos y a la venta de droga en manos de clanes que se han ido apoderando de la zona. Por ello, algunos vecinos reivindican su auténtico topónimo, Camp Redó, que significa Campo Redondo en castellano y que se remonta a una antigua posesión agrícola situada allí en el siglo X. Para muchos residentes, la denominación de Corea resume un abandono que, en palabras de quienes viven allí, dura ya cincuenta años sin que nadie haya invertido un solo céntimo en su regeneración.