La Unión Europea se enfrenta a un desafío demográfico de gran magnitud que amenaza la sostenibilidad de su mercado laboral, el sistema de pensiones y la cohesión social, según el informe sobre demografía publicado este martes por la Comisión Europea. El documento advierte que la UE perderá una media de 1,2 millones de personas en edad de trabajar —entre 15 y 64 años— cada año entre 2025 y 2050, una cifra que podría duplicarse hasta los 2,4 millones anuales en un escenario sin migración. Al mismo tiempo, la crisis de la vivienda se ha convertido en una barrera insalvable para las nuevas generaciones: en 2024, el 49,1% de los jóvenes de 18 a 34 años seguía viviendo en el hogar familiar debido a los altos precios y a la inseguridad laboral.
La comisaria europea Dubravka Suica advirtió que «la población europea está cambiando, y las políticas de Europa deben adaptarse a ello». En su intervención, señaló que «vivimos más tiempo y gozamos de mejor salud que nunca, lo que constituye uno de nuestros mayores logros. Sin embargo, el cambio demográfico está transformando nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros mercados laborales, y debemos actuar ahora para convertir esta transformación en una oportunidad».
España se consolida como el epicentro de la longevidad en la Unión Europea, liderando la esperanza de vida al nacer en 2025 con proyecciones que sugieren que las mujeres superarán los 90 años para finales de siglo. Sin embargo, este éxito social convive con un envejecimiento sin precedentes: la edad mediana de la población española ha escalado hasta los 46 años en 2025, lo que supone un incremento de cuatro años en apenas una década y transforma al país en una «sociedad de la longevidad» donde los mayores de 80 años ganarán un peso creciente. Ante este panorama, el Gobierno ya despliega su Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico para tratar de adaptar los sistemas de salud y pensiones a una estructura poblacional donde la experiencia de la vejez es cada vez más extensa y diversa, reconoce Bruselas.
En el otro extremo de la pirámide poblacional, España enfrenta una crisis de natalidad crítica con una de las tasas de fertilidad más bajas del continente, situada en torno a 1,1 hijos por mujer en 2025, una cifra que se proyecta muy lejos del nivel de reemplazo incluso para el año 2100. Esta falta de relevo generacional agrava una profunda fractura territorial, donde el interior rural de la península se vacía progresivamente mientras el crecimiento se concentra de forma selectiva en las costas mediterráneas y los archipiélagos. La inmigración —con cerca de un 20% de la población nacida en el extranjero— actúa como un motor esencial para compensar la pérdida de fuerza laboral.
El impacto más inmediato de esta dinámica demográfica se da en el mercado de trabajo. La UE se enfrenta a un periodo donde el crecimiento económico ya no estará respaldado por una población en aumento. Para mitigar este vacío, la Comisión Europea enfatiza la necesidad «de activar el talento desaprovechado». Actualmente, cerca del 20% de la población en edad de trabajar en la UE permanece fuera del mercado laboral. Las políticas de la Unión se centran ahora en cerrar la brecha de empleo de género, que aún es del 10,1%, y en reintegrar a los 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan —los conocidos como «ninis»—, facilitando su acceso a una formación adecuada y a empleos de calidad, según insiste el Ejecutivo comunitario.
La sostenibilidad de las arcas públicas es otra gran preocupación que aborda el informe. En 2022, el gasto público relacionado con el envejecimiento —es decir, el gasto en pensiones y otras prestaciones— ya representaba el 24,4% del PIB de la UE, y se espera que esta presión aumente a medida que la generación del baby boom se jubile. La tasa de dependencia de la vejez pasará de 34 personas mayores por cada 100 trabajadores en 2025 a superar las 50 en casi la mitad de los Estados miembros para el año 2050.
La crisis de la vivienda se ha convertido en una barrera insalvable para las nuevas generaciones. Las tasas de propiedad entre los jóvenes de 25 a 35 años han caído un 16,3% desde 2007, lo que profundiza la desigualdad intergeneracional y retrasa aún más la formación de nuevas familias. En general, la sociedad europea va a cambiar «de manera radical», avisa la Comisión.
Según los últimos datos de 2025, la población de la UE alcanzó los 450,6 millones de personas, pero esta cifra marca el inicio de un declive estructural profundo. Tras décadas de crecimiento modesto pero constante, las proyecciones indican que el número de habitantes alcanzará su máximo en 2029 con 453,3 millones, para luego iniciar un descenso prolongado que situará la población en apenas 398,8 millones para el año 2100. Este fenómeno no se debe a una sola causa, incide Bruselas, sino a una combinación de factores liderada por la caída en picado de la natalidad. En 2024, la tasa de fertilidad en la UE se situó en 1,34 hijos por mujer, una cifra que queda muy lejos del nivel de reemplazo de 2,1 necesario para mantener estable la población sin recurrir a la migración. Aunque se espera una ligera recuperación de esta tasa hacia finales de siglo, los expertos advierten que la tendencia a posponer la maternidad y las incertidumbres económicas mantendrán la natalidad en niveles históricamente bajos.