La tensión en Ceuta ha vuelto a desbordarse este jueves, cuando cerca de un centenar de vecinos ha bloqueado el paso a los convoyes de Cruz Roja que reparten alimentos a los migrantes asentados en la ciudad autónoma y ha quemado varias chozas improvisadas en la playa de Benítez. Los manifestantes, convocados a través de las redes sociales, han cortado la carretera de acceso al punto de reparto de la playa del Trampolín al grito de «la Cruz Roja es una mafia» y «Ceuta no se vende», con el objetivo de impedir la entrega diaria de comida y agua.
El bloqueo se ha producido en el horario habitual del reparto, cuando un convoy compuesto por un camión de emergencias, cuatro ambulancias y dos furgones de escolta policial intentaba llegar a la zona. Los concentrados se han sentado en plena carretera para detener el avance de los vehículos. Tras unos veinte minutos, han abandonado la posición por indicación de la Policía, pero posteriormente han vuelto a cortar el acceso, dejando retenido de nuevo al convoy, que finalmente ha podido salir por una ruta alternativa. Durante la protesta, las autoridades también han impedido el paso a un segundo grupo de manifestantes que pretendía sumarse al corte.
El descontento no se ha limitado al bloqueo. Varios manifestantes han superado el cordón policial y han accedido a la playa de Benítez, donde han destrozado con violencia y han prendido fuego a varias de las chozas improvisadas en las que se alojaban algunos migrantes. Lo han hecho bajo consignas como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» e «invasores, expulsión». La intervención policial ha conseguido finalmente disolver a los grupos y devolver la normalidad a la zona, aunque la escalada ha causado retenciones de tráfico y ha dificultado la movilidad entre la playa de Benítez y Benzú.
Estos incidentes se suman a los vividos durante la noche del miércoles, cuando un grupo de manifestantes, algunos armados con palos, se desplazó hasta la playa del Trampolín con la intención de enfrentarse a los migrantes. Los vecinos denuncian el «abandono» que, según aseguran, sienten por parte de las instituciones y reclaman que los migrantes sean trasladados fuera de Ceuta conforme a los procedimientos legales establecidos. «Una de las opciones es que, si no tienen comida, que se vayan», explicaba una vecina durante la protesta de este jueves.
La crisis migratoria se inició el pasado 30 de julio, con la llegada a nado de miles de migrantes desde Marruecos a la ciudad autónoma. Casi un mes después, los vecinos aseguran encontrarse, en sus propias palabras, en «un nivel psicológico de hartazgo brutal». Al punto de distribución no acuden únicamente los migrantes que permanecen en los asentamientos del Trampolín, sino también personas procedentes de los cerros y de otros puntos de la ciudad que recogen diariamente sus bolsas de comida y agua. Los manifestantes han dejado claro que no van a parar hasta que se resuelva una situación que califican de «insostenible».